Es la versión popular, simplificada, de lo que refleja la Biblia. En la versión de Nácar-Colunga:
Multiplicaré los trabajos de tus preñeces.
Parirás con dolor los hijos
Y buscarás con ardor a tu marido,
Que te dominará" (Gen. 3:16)
Esta "maldición" se argumenta como la razón por la que la anestesia (del latín científico anaesthesia, y éste del griego ἀναισθησία anaisthēsía "insensibilidad"), como medio para aliviar el dolor, tardara tanto en llegar a los paritorios.
Cuando se introdujo el cloroformo en obstetricia en 1847, la resistencia que encontraron los pioneros fue teológica, explícita y documentada. Porque "El sufrimiento del parto no era un accidente biológico, era una condena sagrada. Un médico que pretendiera suprimirlo no estaba siendo compasivo, estaba enmendando la plana a Dios". Se atribuye a que fue, cuando en el parto del octavo hijo de la Reina Victoria de Inglaterra el médico que la asistía utilizó cloroformo para sedarla, que empezó a derrumbarse este prejuicio: "Si la cabeza de la Iglesia de Inglaterra podía anestesiarse sin que el cielo se desplomara, el argumento teológico quedaba disuelto por decreto real".
Y es que métodos analgésicos, más o menos potentes, se han conocido desde hace milenios (esto da para otro post).





