viernes, 17 de abril de 2026

Meses, semanas y días... distintas variantes de calendario

En "El círculo de los días", la última novela de Ken Follet (Cardiff, Gales, 1949), además de asistir como espectadores a una de las etapas de la construcción del gran monumento megalítico de Stonehenge, el escritor galés nos propone una "explicación" al porqué de ese monumento. Entiendo que no es una tesis aceptada por el conjunto de expertos arqueólogos y paleontólogos, pero me vale para empezar este post. Espero no hacer "spoiler" de la trama del libro.

Lo que Follet sugiere es que el gran monumento es un gigantesco calendario, construido para marcar el paso de los días y, en consecuencia, los solsticios y equinoccios del año. Para ello establece (ver la portada del libro) que el círculo exterior estaba formado por 30 grandes postes de piedra, unidos por su parte superior por grandes piedras planas. En el interior, 5 grandes arcos formaban un óvalo. Situados frente al arco central, orientado al Este, era por donde los lugareños veían salir el sol en el solsticio de verano, fiesta mayor de los neolíticos de ese valle.

La forma en que medían el tiempo las sacerdotisas (solo ellas conocían el "secreto") era la siguiente: el día siguiente al solsticio de verano, colocaban una piedra pulida en uno de los arcos del óvalo interior; al día siguiente otra, al siguiente otra, así hasta que acumulaban 12 piedras. Ese día llevaban una piedra "especial" a uno de los postes del círculo exterior. Repetían ese ciclo de 12 días hasta que completaban la vuelta al círculo. Eso implicaba que habían transcurrido 12*30=360 días. Ya acercaba el nuevo solsticio de verano... sólo faltaban 5 días, para lo que usaban los 5 arcos del interior. 360+5=365. Ya habían observado que esto no era del todo exacto y que, cada cierto tiempo, había que añadir un día... el bisiesto. 

En resumen, su forma de medir el año era: 30 "docenas" de 12 días + 5 días. Año 2.500 a.C. 

Los calendarios más antiguos de los que se tiene constancia escrita fueron el sumerio y el babilonio. Eran calendarios basados en el ciclo de la luna (29,5 días) por lo que se desajustaban bastante con el ciclo solar y tenían que añadir un "mes" cada cierto tiempo.

El primer calendario solar fue el egipcio. Establecieron 12 períodos de 30 días (podemos llamarles "meses") y 5 días festivos al final del año para que cuadrase. 

Griegos y romanos adoptaron ese mismo sistema, con pequeñas variantes. Así hasta llegar, en 1582, al calendario "gregoriano", que es el actualmente vigente en gran parte del planeta: Años "normales" de 365 días; bisiestos de 366 los múltiplos de 4, excepto los 3 acabados en 00 que no sean terminados en 400 o sus múltiplos. (O sea que el 2100 no será bisiesto, ni el 2200 ni el 2300, pero el 2400, sí, y el 2800 y el 3200 también). Los meses tenían 28, 30 o 31 días (29 los febreros bisiestos) como los conocemos ahora. Las semanas, como su nombre indica ("septimana"), de 7 días, que no coinciden con los días del año (52*7=364). 

Calendario Maya de 18 meses 
Los 5 días adicionales eran los Uayeb
Pero, mientras tanto, en América habían desarrollado sus propios calendarios. Es curioso el maya (el llamado Haab, porque tenían varios) que constaba de 18 meses de 20 días + 5 días festivos al final. 

Está claro que el hecho de que 360=2*2*2*3*3*5  facilitaba múltiples combinaciones a los astrónomos: 30*12, 20*18, 15*24... (¿habrá habido alguna civilización con 9 meses de 40 días o con 8 meses de 45 días?). En cambio, 365=5*73 y 366=2*3*61 daban poco juego a la hora de reflejar sucesos periódicos dentro del año.

Ha habido en Europa dos calendarios innovadores y curiosos, que suponían una reforma profunda del gregoriano: el Republicano Francés (siglo XVIII) y el Revolucionario Soviético (siglo XX). Vamos a mirarlos. 

El Calendario Republicano Francés dio comienzo el 22 de septiembre de 1792 (día de la proclamación de la República en el Jeu de Paume) y estuvo vigente hasta el 1 de enero de 1806. Su principal diseñador fue el matemático Gilbert Romme

El año comenzaba en el equinoccio de otoño (más o menos ese 22 de septiembre) y constaba de 12 meses de 30 días + 5/6 días de fiestas nacionales al acabar el año. En esto no era muy original. Sí que lo era en que sustituía el concepto "semana" por el de "decena"; así los meses tenían 3 decenas, o sea 3 períodos de 10 días. Nótese que así se desenganchaba el calendario "civil" del ciclo religioso que establecía el domingo (o sea, cada 7 días) como día de cumplimiento y descanso. 

Los nombres de los meses eran:  Vendimiario, Brumario, Frimario (Otoño); Nivoso, Pluvioso, Ventoso (Invierno); Germinal, Floreal, Pradial (Primavera); y Mesidor, Termidor, Fructidor (Verano). 

Los nombres de los días de cada decena eran:  Primidi (1º), Duodi (2º), Tridi (3º), Quartidi (4º), Quintidi (5º, día festivo para escolares), Sextidi (6º), Septidi (7º), Octidi (8º), Nonidi (9º) y Décadi (10º, día festivo principal).

Cada día del mes tenía el nombre de una planta, un mineral, un animal (los días terminados en 5) o una herramienta (los días terminados en 0), en otra clara intención de desligar los días a las celebraciones de los santos del calendario gregoriano. Por ejemplo, estos eran los días del mes de Vendimiario:

(22 de septiembre ~ 21 de octubre)

1. Raisin (uva)
2. Safran (azafrán)
3. Châtaigne (castaña)
4. Colchique (cólquida)
5. Cheval (caballo)
6. Balsamine (balsamina)
7. Carotte (zanahoria)
8. Amaranthe (amaranto)
9. Panais (chirivía)
10. Cuve (tinaja)
11. Pomme de terre (patata)
12. Immortelle (flor de papel)
13. Potiron (calabaza)
14. Réséda (reseda)
15. Âne (asno)
16. Belle de nuit (bella de noche)
17. Citrouille (calabaza otoñal)
18. Sarrasin (alforfón)
19. Tournesol (girasol)
20. Pressoir (lagar)
21. Chanvre (cáñamo)
22. Pêche (melocotón)
23. Navet (nabo)
24. Amaryllis (amarilis)
25. Bœuf (buey)
26. Aubergine (berenjena)
27. Piment (pimiento)
28. Tomate (tomate)
29. Orge (cebada)
30. Tonneau (barril)

En la imagen de la derecha tenemos otro mes, Thermidor, donde todavía se conserva la "equivalencia" entre los días "republicanos" y el santoral católico. Por ejemplo, el Tridi de la 1ª Década Thermidor sería el 22 de Julio, festividad de la Magdalena, o el Septidi de la 3ª Década Thermidor, el 15 de Agosto, la Asunción.

Una característica adicional del calendario republicano, quizá menos conocida pero que suponía un gran cambio desde los babilonios, era que el día pasó a tener 10 "horas" (en lugar de 24); cada hora tenía 100 "minutos decimales" y cada minuto decimal, 100 "segundos decimales". 

En el reloj de la imagen, que permite leer en simultáneo las dos "horas", tendríamos que lo que marcan las agujas, las 5:17 de la tarde, en el reloj de 24 horas, serían las 7:29 en el reloj de 10 horas (aquí la mañana sería de las 0:01 a las 5:00 y la tarde, de las 5:01 a las 0:00). 

Me imagino el dolor de cabeza que supuso para los relojeros ajustar los engranajes para que los relojes marcaran con precisión los nuevos criterios. Y, para el pueblo llano, acostumbrarse a las nuevas rutinas: me levanto a las 3:00 (7 de la mañana); como a las 6:00 (2 de la tarde), ceno a las 8:80 (9 de la noche) y me acuesto a las 9:60 (11 de la noche)

Esta "innovación", por su alta complejidad, solo fue obligatoria hasta marzo de 1795, y dejó de usarse poco tiempo después.

Sin embargo, el Calendario Republicano, como hemos señalado más arriba, estuvo vigente durante casi 14 años, hasta finales de 1805.  Los principales argumentos en su contra eran que las semanas de 10 días no guardaban relación con los ciclos lunares, lo que no era útil para los agricultores. Los trabajadores se quejaban de que, con semanas de 10 días, solo libraban una jornada de cada 10, en vez de una jornada de cada 7. Era difícil entenderse con el extranjero, ya que este calendario solo se aplicaba en Francia y sus colonias. Y, además, el Papa veía con malos ojos la supresión de las fiestas religiosas.


Suficiente por hoy. Comentaremos en un nuevo post el Calendario Revolucionario Soviético.

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Tatiana R. rescata a las deidades responsables del calendario egipcio, Thot y Renpet, y propone esta ilustración para nuestro "gabinete de curiosidades" particular:

Ilustración de Tatiana Restrepo (www.tatisart.com) para "Curios"

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1 comentario:

  1. Hay ideas fundamentales sobre el origen del calendario que a menudo olvidamos:

    ¿Cuál fue su necesidad original? Predecir el entorno. Un calendario permite saber con certeza cuándo cambiarán las estaciones (lluvias, calor o frío), algo vital para la agricultura y la supervivencia.
    ¿Cómo se sustenta? Mediante la observación de los astros: el Sol marca el ciclo de los días y los años, mientras que la Luna define los meses de aproximadamente 29,5 días.
    ¿Qué matemáticas se necesitan? Aunque se basa en contar y sumar, requiere una aritmética aritmética sistemática y la capacidad de registrar periodos larguísimos para detectar patrones que no son evidentes si no se tiene un registro escrito.

    En un viaje con Luis T a Guatemala, aprendimos que los mayas tenían un sistema avanzado que predecía eclipses usando varios calendarios, como el civil (Haab') de 365 días. Sin embargo, a diferencia de nosotros, no utilizaban años bisiestos. Esto hacía que su calendario civil se desfasara de las estaciones un día cada cuatro años. Lejos de ser un error, esto respondía a lo sagrado de sus 'engranajes': para los mayas, el tiempo era una maquinaria perfecta donde los ciclos no podían alterarse con días artificiales. Preferían que el calendario 'flotara' a través de las estaciones antes que romper la armonía matemática entre sus cuentas.

    El pilar de esta precisión era la Cuenta Larga, un contador lineal de días. Por ejemplo, el 20 de abril de 2026 equivale al día 739.726; en numeración maya esto es 13.0.13.9.6 (13 Baktunes, 0 Katunes, 13 Tunes, 9 Uinales y 6 Kines). Gracias a este registro ininterrumpido, identificaron que los eclipses siguen un ciclo de 173,3 días (estaciones de eclipse). Descubrieron que 69 de estas estaciones equivalen casi exactamente a 11.960 días, cifra que encaja perfectamente con 46 vueltas de su calendario sagrado (Tzolk'in). Así, los eclipses se convertían en patrones regulares que caían siempre en los mismos días sagrados, permitiéndoles ajustar sus predicciones con una exactitud asombrosa sin necesidad de tocar la cuenta de los días."

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