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Vendedor de pirulís en Cuba |
En prensa, cuando se mencionaba el invento del Chupa-Chups por el industrial catalán Enric Bernat allá por 1957, y se le atribuía el mérito del "primer caramelo con palo", siempre salían voces y comentarios airados reivindicando ese papel para el pirulí e "ítem más" otorgando la invención a un industrial vasco, como este artículo de Olmo (el famoso dibujante bilbaino Luis del Olmo) aparecido en "El Correo" en febrero de 2011:
"Los telediarios de hace unos días ofrecieron la noticia de que se cerraba la fábrica de Chupa-chups que existía en una localidad de Asturias desde hace medio siglo. No voy a entrar en las consideraciones laborales y comerciales que han llevado a la supresión de la factoría, porque en los tiempos que corren el cierre de un negocio ha dejado de ser noticia.
Me referiré a otro tema que ya he comentado en alguna ocasión pero que, según veo, los redactores de los telediarios no acaban de entender. Con motivo de este cierre tuve que escuchar dos veces a la locutora que «después de cincuenta años se había cerrado la fabrica que invento el caramelo con palo».
Craso error, redactores de telediarios, porque el caramelo con palo no lo inventó Enric Bernat que en 1957 decidió comercializar un caramelo redondo con un palito para agarrarlo y por esta razón se le ha atribuido la paternidad de ese invento.
El caramelo con un palito lo conocíamos todos los bilbaínos veteranos desde que éramos niños, ya antes de la Guerra Civil. Su inventor fue un señor llamado José Arechavala, vecino de Gordexola, quien, como era habitual por entonces, emigró a Cuba en busca de fortuna.
Como el hombre valía para los negocios llegó a tener una destilería de caña de azúcar y pensando en aprovechar los residuos dulces de la destilería, se le ocurrió hacer con ellos un caramelo en forma de cono estrecho y alargado, al que puso en la base un palito para manejarlo mejor. Así nació el famoso pirulí ¿Quién no recuerda el dulce pirulí de La Habana?
Y los que recuerdan el pirulí sin duda recordarán también el eslogan que pregonaban los vendedores diciendo «Pirulí de La Habana, el que no lo compra no lo jama». Lo de La Habana sin duda es una alusión a la procedencia de estos caramelos que iban forrados con un papelito blanco.
Queda por lo tanto aclarado (quizá por tercera vez, pero los de la TV no se enteran) que el inventor del caramelo con palo no fue Enric Bernat, sino un vizcaíno de Gordexola llamado José Arechavaleta".
Es curioso que, en el propio artículo, aparecen dos apellidos distintos, Arechavala y Arechavaleta. Y, si buceas un poco por Google buscando información sobre este asunto, en unos artículos se atribuye la invención a José Arechavala (o Arechabala) y, en otros, a José Arechavaleta:
Por ejemplo, en https://www.cibercuba.com/noticias/2023-02-14-u199370-e199370-s32479-piruli-le-gusta-tanto-cubanos :
"La creación del pirulí se atribuye al emigrante y empresario español José M. Arechabala Arechabala (el segundo apellido era, en realidad, Aldama), quien llegó a Cuba siendo un adolescente en 1862 y logró construir uno de los emporios más grandes con la producción de azúcar y rones. Arechabala, en 1878, fundo la compañía que se convertiría en la principal productora de ron cubano del siglo XX. Era propietario de un central azucarero en Cárdenas, de varias refinerías de azúcar, 11 destilerías de alcoholes, entre otros negocios, pero fue también un destacado comerciante de confituras, siropes y levadura.
Se cuenta que en sus fábricas todo se aprovechaba y esta idea de optimización de los recursos fue lo que marcó el origen del pirulí, un caramelo que se elaboraba con los residuos de la melaza. Los colocaban cuidadosamente en unos conos de papel blanco y les ponían un palito, para comerlos sin mancharse las manos".
Mientras que, en https://www.dimecuba.com/revista/comida-cubana/receta-preparar-piruli-cubano/:
"En primer lugar, debemos mencionar que este dulce efectivamente se desarrolló y popularizó en Cuba, pero su creador fue un extranjero. Según cuenta la historia, el inventor de este rico dulce fue José Arechavaleta, un hombre de origen vasco que como muchos emigró a Cuba. Al llegar a la Isla, Arechavaleta empezó a buscar la manera de hacer una fortuna emprendiendo en la prometedora industria azucarera del país. Como resultado, estableció una destilería de caña de azúcar de la cual buscaba sacar el mayor provecho posible, evitando desperdicio alguno.
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Interior del ingenio El Progreso |
Por lo tanto, tras la extracción del guarapo de caña, el español descubrió que quedaban algunos residuos que podrían servir para algo. Fue así como pensó en usar estos residuos en la elaboración de un caramelo artesanal, el cual colocaba en un cono de papel y posteriormente le introducía un palito.
Como resultado, y sin pensarlo mucho, Arechavaleta dio con la receta del pirulí, un dulce que rápidamente se popularizó entre los cubanos. De esta manera, después de ello, era muy común ver cómo vendedores en las calles lo vendían, y a gran cantidad de niños y adultos comprándolos".
Había que investigar un poco más y poner las cosas en claro...
La "confusión" puede venir porque, a finales del siglo XIX, había dos industriales vascos dueños de "ingenios" azucareros en Cuba: Lorenzo Arechavaleta Arteta (San Salvador del Valle, 1837) y José Arechavala Aldama (Gordexola, 1847 - Cárdenas, 1923). Un primo hermano de Lorenzo, Feliciano José Arechavaleta Arteta (sus madres eran hermanas), también emigrante en Cuba, se casó con Raimunda Amézaga, natural de Gordexola, e hija de otro industrial azucarero en Cuba.
Por hacer la historia corta, la rama de los Arechabala Aldama crearon en Cárdenas, en 1878, la destilería "La Vizcaya", que, en 1934, ya desde 1921 con "José Arechabala S.A." como razón social, lanzó el ron Havana Club, de gran éxito hasta nuestros días.
La rama de los Arechavaleta Amézaga crearon en Matanzas, en 1926, la "Compañía Licorera Matanzas S.A.", y una subsidiaria, la "Ronera Yucayo", que fabricaba, entre otros licores, el ron Yucayo.
Como las primeras menciones al pirulí de la Habana, tanto en Cuba como en España, son de los años 1910-1920, me cuadra más que, en efecto, fuera "invento" de Arechabala y no de un Arechavaleta.
¿Y por qué se le dio el nombre de pirulí? La RAE dice que la etimología es "derivado de pirulo, perinola".
Pero, basta una pequeña búsqueda en la hemeroteca del periódico cubano "Diario de la Marina" para encontrar este curioso anuncio de febrero de 1889:
O sea, que ya había algún tipo de pirulís en Cuba a finales del siglo XIX. Aunque, por sus cualidades, más que un caramelo parece una medicina:
- cura el catarro
- mata la "lombri"
y un mensaje intrigante: "que vien de París".
Como no hay foto ni dibujo no podemos saber qué forma tenían esos "ricos y rosaditos pirulís".
Pero la hemeroteca nos da más "sorpresas". Ahora es el semanario festivo "Caras y Caretas", publicado en Montevideo (Uruguay) el que, en la portada de su número de 6 de septiembre de 1896 llevaba la siguiente ilustración:
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"Pirulí, pirulí, venido de París!! No hay más explicación en el interior del semanario, por lo que nos quedamos con que el vendedor de pirulís ya era un "tipo popular" en esos años. Tampoco se aprecia bien la forma de los caramelos. Habrá que buscar en París...
Y buscando, buscando, no ha sido en París, sino en Moret-sur-Loing, un pueblo de 4.000 habitantes al sureste, donde he encontrado a unas religiosas que ya fabricaban algo así en 1638:
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Es curioso que, en la versión española de la página web (https://www.france-voyage.com/francia-gastronomia/piruli-moret-loing-551.htm), se hable de pirulí, aunque no aparezca el palito por ningún lado. En la francesa son "sucre d'orge", o azúcar de cebada. Es cierto que el ingrediente principal era el azúcar de caña y que se le suponían cualidades medicinales, pero de ahí a concluir que éstos o algunos parecidos eran los "pirulís de París" que se vendían en Cuba... Pero... ¿y si sí?
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Posdata: Pirulero (el famoso Antón) no era el vendedor de pirulís... "Pirulero” es una deformación de una antigua palabra española: “perulero”, que según afirma Covarrubias en su Tesoro de la lengua castellana de 1611 es “el que ha venido rico de las Indias del Perú”, y que en el siglo XVII aparece a menudo como sinónimo de fanfarrón. En la literatura del Siglo de Oro se lo describe frecuentemente como un pícaro que intenta ascender la escala social, que viste de manera extravagante, a menudo exagerando sus riquezas. Alguien, en suma, que trata de aparentar lo que no es; y de allí el conocido juego de prendas, que no es otra cosa que un juego de apariencias.
En algunos países de América, el vendedor de pirulís (o pirulines) era el pirulinero.
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Querido Ángel, no sé si era tu objetivo al escribir este post, pero me ha parecido un gran ejemplo de lo que pasa con los descubrimientos, sean industriales, científicos, médicos, geográficos o de otro tipo.
ResponderEliminarSaber quién fue el primero es meramente anecdótico. El trascendente fue el que lo vendió tan bien al resto del mundo que éste se lo compró y generó un gran negocio.
Los escandinavos también afirman que fueron ellos los descubridores de América y los arqueólogos les han dado la razón. Pero eso no les benefició en absoluto y tampoco al resto del mundo. En cambio, cuando un buen vendedor lo repitió siglos después, el mundo cambió completamente.