Siempre se ha dicho que una imagen vale más que mil palabras. Pues con una imagen empezamos el post de hoy (Fuente: Dr. Vicente Soriano (*)):
En ella se puede ver una clasificación de "entes" en función de dos dimensiones: Complejidad y Tamaño. Todos estamos familiarizados con los virus... quizá menos con los "viroides". ¿Qué son? Pues son (copio al Dr. Soriano): "moléculas de ARN que pueden autoescindirse y volver a ligar su genoma como parte del ciclo de replicación. Este comportamiento de actividad enzimática en un ácido nucleico se conoce como ribozima. Los genomas de los viroides no codifican ninguna proteína". El primer viroide se descubrió en 1971 y estaba relacionado con una enfermedad de la planta de las patatas.
El tamaño de los viroides es de 250-400 nucleótidos, mientras que el de los virus ARN puede variar entre 3.500 y 30.000 y el de los virus de ADN entre 5.000 y 280.000. Por poner un caso conocido por todos, el virus del SARS-CoV-2 Wuhan-Hu-1 tiene 29.903 nucleótidos.
Vale. Y, con tu agudeza visual característica, habrás notado que, al repasar la imagen, me he saltado a los "obeliscos". ¿Por qué? Pues porque son, digamos, los "recién llegados" y vamos a hablar de ellos un poco más.
Fue en enero del año pasado, 2024, cuando se publicó el artículo que anunciaba el descubrimiento de los obeliscos. Fue en la revista especializada Cell y se titulaba "Viroid-like colonists of human microbiomes" o, traducido libremente, "Colonos similares a viroides en los microbiomas humanos".
Destaco a los investigadores nacionales Mª José López-Galiano y Marcos de la Peña, que trabajan en el Instituto de Biología Molecular y Celular de Plantas de la Universidad Politécnica de Valencia–CSIC, a los que se ve tan contentos en esta simpática fotografía de Mónica Torres.
¿Qué son los obeliscos? y... lo que todo el mundo se preguntó ¿por qué nadie los había visto o detectado antes?
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Recreación de bacterias intestinales infectadas por obeliscos Fuente: IBMCP (CSIC-UPV) |
Los bautizamos "obeliscos" por su forma alargada, como bastoncillos. Pronto descubrimos que algunos vivían dentro de las bacterias. Ya llevamos 30.000 especies diferentes. Y están por todas partes, no solo en nuestras bocas e intestinos; en cada rincón del planeta".
Al parecer fue Ivan Zheludev, uno de los firmantes del artículo, el que propuso bautizarlos así porque su forma estirada le recordaba a la de las Agujas de Cleopatra, una pareja de obeliscos ordenados esculpir por el faraón Tutmosis III en el siglo XV a. C. Inicialmente se erigieron en la antigua ciudad de Iunu, la "Heliópolis" de Egipto. Posteriormente fueron trasladados a Alejandría, por deseo de César Augusto. En el siglo XIX fueron trasportados uno a Londres y el otro a Nueva York, ciudad natal de Zheludev.
¿Y qué herramientas son las que han permitido ahora este fantástico descubrimiento?
Este descubrimiento se ha realizado mediante estudios bioinformáticos de secuencias genéticas. En concreto, una herramienta denominada VNom (Viroid Nominator), capaz de peinar gigantescas bases de datos genéticos, como las procedentes de hospitales y ecosistemas naturales.
Los obeliscos son tan sencillos - ARN circular desnudo, sin protección alguna - que sus descubridores piensan que pudieran ser vestigios de los orígenes de la vida en el planeta, hace 4.000 millones de años. Dice el Dr. de la Peña: "es como si hubiésemos encontrado fósiles vivientes descendientes de las primeras formas de vida; no enterrados en estratos geológicos, sino habitando nuestro cuerpo".
Y terminamos con la reflexión del Dr. Soriano: "Una gran pregunta es si los virus evolucionaron a partir de viroides y obeliscos cada vez más complejos, o surgieron primero y luego degeneraron en esas estructuras más simples. El gran misterio de la emergencia de vida en la Tierra empieza a desvelarse".
Quién sabe... igual dentro de unos años empezamos a decir: "vengo del médico y me ha dicho que tengo los obeliscos por las nubes..." :-)))
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(*) El Dr. Vicente Soriano es uno de los expertos nacionales en enfermedades infecciosas, particularmente en hepatitis y VIH.
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