Ya vimos en dos posts anteriores, "
Del fustán al mercurio: así se gestó la fortuna de los Fugger" (marzo de 2020) y "
La auténtica "vía de la plata"" (mayo de 2020) el papel crucial que el azogue, nombre clásico del mercurio, tuvo a partir del siglo XVI en la producción de plata en América (proceso de amalgamación mediante el "método de patios"), y cómo, gran parte de ese elemento, extraído y procesado en las minas de Almadén (Ciudad Real), fue transportado por vía marítima desde el puerto de Cádiz.
A comienzos del siglo XVIII este comercio seguía "viento en popa", y se organizaban flotillas para realizar el trayecto Cádiz-Veracruz, en Nueva España (seis en el primer cuarto de siglo). De la que vamos a hablar en este post es de la que partió de Cádiz el 11 de julio de 1724. Estaba compuesta por la nave capitana Nuestra Señora de Guadalupe y la nave almiranta San José, conocida entre los marineros como "la Tolosa". A bordo de la primera iba el teniente general Baltasar de Guevara y Vinuesa, que mandaba la escuadra, el capitán del navío, el guipuzcoano Gabriel de Mendinueta y, señal de la gran importancia del cargamento de azogue, el maestre de plata Francisco Barrero Peláez. El capitán de la segunda era Sebastián de Villaseñor. Entre tripulación y pasajeros, en las dos naves iban unas 1.200 personas.
 |
Reproducción de la Nuestra Señora de Guadalupe Proyecto Galeones de Azogue |
Las naves estaban capacitadas para transportar una gran carga: llevaban un cargamento de clavos (275 cajas procedentes de Guipúzcoa y Vizcaya), y con destino el astillero de La Habana, 675 barriles de vino y aguardiente, más de 2.000 botijas de aceite y hasta una impresionante colección de 600 vasos y jarras de vidrio magníficamente tallado, probablemente en Bohemia, que los arqueólogos han descubierto ahora que iban de contrabando.
Pero la razón de la flotilla era el cargamento de azogue: 5.000 quintales en el Guadalupe y 3.000 en el San José. Como el quintal de entonces eran 100 libras castellanas, y, por tanto, unos 46 kg, la carga total de ambos barcos sumaban 368 Tm. Por el "spoiler" del título del post ya sabemos que esta carga no llegó a su destino... pero, antes de saber qué pasó, vamos a conocer cómo se preparaba el azogue para su transporte desde Almadén y cómo era el viaje hasta el puerto de Cádiz.
Sabemos que el mineral sale de la mina en forma de rocas de cinabrio (sulfuro de mercurio: 85% Hg, 15% S) (Paréntesis: el símbolo del mercurio es Hg porque, antiguamente, también se conocía como hidrargirio, del griego hydrargyros, hydro-argyros: agua-plata, líquido como el agua y brillante como la plata) Mediante su calentamiento a 250º-300º en hornos se produce la liberación y condensación del metal, ya en forma líquida. Podemos seguir el proceso de empacado a partir de esta ilustración de 1783:
A la izquierda, el primer operario "saca el azogue para pesarlo" de una gran tinaja. El segundo lo pesa y el tercero lo mete en el primer "baldrés", o baldés, que es una especie de bota de cuero de oveja, bastante impermeable, y lo cierra con un cordel de cáñamo. Pero, por si acaso, en el proceso se usa un segundo y hasta un tercer baldés, para garantizar la estanqueidad. Al final, a la derecha, se ve cómo se van almacenando.
Los baldeses eran transportados primero desde Almadén a las atarazanas de Sevilla, bien en carretas tiradas por bueyes (el trayecto duraba veinte o treinta días) bien a lomos de mulas o asnos (ocho o diez días).
 |
Cajón para 3 barriles de medio quintal |
En las atarazanas, los baldeses eran envasados en barriles de medio quintal (23 kg) forrados de esparto, y estos, a su vez, en cajones de madera, a razón de tres barriles por cajón (quintal y medio o 69 kg); y así eran estibados en las barcas fluviales que los llevaban por el Guadalquivir hasta Cádiz para ser embarcado en las flotas.
Haciendo un cálculo fácil, los 8.000 quintales que llevaban entre el Guadalupe y el San José representaban más de 5.300 de estos cajones de madera.
Muy bien. Con carga y pasajeros a bordo, y con el permiso del capitán, iniciamos la travesía. Como ya hemos señalado, era el 11 de julio de 1724.
La primera parada fueron las Islas Canarias. Después, a los 37 días de navegación, escala de cuatro días en San Juan de Puerto Rico para hacer algunas reparaciones. Y finalmente, el 23 de agosto, salida rumbo a Veracruz, bordeando la isla de la Española. Pero algo se torció. Cuando navegaban por la costa norte de la isla de la Española, se empezó a formar una tormenta tropical con fuerte viento del norte, que les arrastraba hacia los arrecifes de la costa. En medio de la tempestad, el Guadalupe soltó todas sus anclas para sujetar el barco, pero la maniobra no dio resultado y no pudo evitar chocar bruscamente con el fondo. En el impacto perdió el timón y sufrió serios daños en la roda y quedó encallado cerca de la costa. El Tolosa, a su vez, chocó con un bajo y se hundió violentamente.
Una carta del maestre de plata del Guadalupe, superviviente del naufragio, el ya mencionado Francisco Barrero Peláez, dirigida a don Antonio Sopeña, presidente de la Casa de Contratación de Sevilla, conservada en el archivo General de Indias de Sevilla y localizada en 1994 ha permitido reconstruir, paso a paso, cada momento del naufragio y los sucesos acontecidos con posterioridad. Así describe Barrero el momento del naufragio:
 |
Localización aproximada del naufragio sobre un plano actual |
"La enunciada diligencia de dar fondo fue tan inútil como las demás practicadas porque no habiendo prendido las anclas fueron garrando hasta que varó el navío sobre 4 brazas y media de agua en la ensenada que llaman de Samaná entre una y dos de la mañana poco más o menos del 25 siendo hasta el tercero golpe sobre peña y el primero nos arrojó fuera el timón, sin que me parezca preciso referir su deformidad ni la de nuestro susto y confusión porque V.S. comprenderá uno y otro con tener presente cualquier memoria o especie de naufragio de navíos. Esperando por unos instantes nuestra última hora sin embargo estando ya varado el navío bien sea por la fuerza del viento y corrientes o por Divina providencia (a que mas me inclino) se reconoció acercarse más a tierra de modo que se sentó sobre la arena a una legua distante de ella". (Una legua marina son 5,55 km)
 |
Cajones de azogue que todavía permanecen en el Tolosa |
De los 600 pasajeros del Guadalupe, sobrevivieron al naufragio unos 350; de los 600 del San José, solo 14.
Guevara y
Villaseñor fallecieron;
Mendinueta sobrevivió, volvió a España y siguió su carrera como capitán de la Armada.
El casco del Guadalupe solo quedó hundido unos 6 metros en el mar, por lo que gran parte del cargamento, incluidos los cajones de azogue, fueron recuperados al año siguiente del naufragio. Sin embargo, casi todo el cargamento del San José, hundido más de 16 metros de profundidad, sigue estando bajo el agua.
No se sabe con certeza qué pasó con los cajones de azogue del Guadalupe; quizá llegaran finalmente a Veracruz (en cuyo caso habría que cambiar el título del post: Las 138 toneladas...) o tal vez fueran desechados por el deterioro sufrido en el naufragio.
El tiempo pasó y el pecio quedó olvidado... Hasta el año 1976, en que se anunció que la Marina de Guerra Dominicana había recuperado 39 cañones de hierro, envases cerámicos, piezas de vidrio y dos grandes anclas de un navío español de época colonial.
Un magnífico trabajo sobre todo este episodio y su contexto, del arqueólogo
Carlos León Amores, es el titulado "
El naufragio del navío Nuestra Señora de Guadalupe y el transporte del azogue en el siglo XVIII", publicado en 2021 en los Cuadernos de Prehistoria y Arqueología de la Universidad Autónoma de Madrid. De él he sacado gran parte de la información para este artículo. Lo puedes leer completo
aquí.
Copio este párrafo del trabajo citado:
"Diecisiete años más tarde, en 1994, la Comisión de Rescate Arqueológico Submarino (C.R.A.S.) de la República Dominicana, dirigida por el arquitecto Pedro J. Borrell, contactó con el especialista en construcción naval española Cruz Apestegui Cardenal, para catalogar la colección de motonería de los navíos de la Flota de Azogues de 1724. El técnico español evaluó la importancia del hallazgo, recabó información histórica de ambos naufragios y propuso la creación de un equipo de trabajo multidisciplinar compuesto por profesionales de ambas nacionalidades para llevar a cabo el estudio exhaustivo de los restos del Nuestra Señora de Guadalupe. Surgió entonces el Proyecto Galeones de Azogue, cuya primera campaña se inició en el mes de junio de 1994 con dos objetivos fundamentales: por un lado, reconocer y documentar con exactitud los restos del casco del navío para entender cómo se había producido el naufragio; y por otro, dibujar y hacer la planimetría del casco y de la carga que aún se conservaba in situ".
Gran parte de las piezas rescatadas de ambos navíos se encuentran en el Museo de las Atarazanas Reales (MAR) de Santo Domingo, que reabrió sus puertas en diciembre de 2021:
______________________________________________________
"Miles de tesoros escondidos bajo los mares" es lo que le sugiere esta historia a Tatiana R.:
 |
Ilustración de Tatiana Restrepo (www.tatisart.com) para "Curios" |
_____________________________________________________