La cueva Morgota se encuentra en el municipio vizcaíno de Kortezubi, en la comarca de Urdaibai. A escasos 500 metros al noroeste de la más conocida cueva de Santimamiñe. La sima de acceso fue descubierta en 1982 y, en 1985, se documentó un yacimiento arqueológico en su interior. En mayo de 2014, miembros del Grupo de espeleología ADES localizaron una serie de pinturas y manchas en color rojo en el sector III de la cavidad, que poco después fueron certificadas como manifestaciones gráficas paleolíticas. El hallazgo obligó a poner en marcha una serie de actuaciones para el estudio y conservación del conjunto rupestre y arqueológico de la cueva de Morgota. En una de las primeras campañas, se encontró esta piedra pulimentada:
Como se puede observar por la escala, es una pieza pequeña, de 38 mm de longitud máxima por 14 mm de anchura y 0,96 mm de grosor, y un peso de 7,87 gramos. Según los descubridores: "muestra un pulimentado fino que abarca la totalidad de la superficie de la pieza. Forma parte del grupo tipológico de herramientas con filo y, de acuerdo al bisel simétrico del filo, se puede definir como hacha". Hacha pequeñita, diría yo, pero lo que nos interesa para este post es saber de qué material estaba hecha.
Para ello, la pieza fue sometida a distintos procedimientos de análisis mineralógico y químico. Copio del informe: "Se ha obtenido un difractograma de rayos X, directamente sobre la superficie del hacha de Morgota, y tras su tratamiento con el software EVA, se ha confirmado la presencia de la sillimanita, en este caso y dadas sus características texturales, se trataría de la variedad fibrolita, siendo prácticamente el único mineral presente o detectable en el objeto por esta técnica.
No se han detectado picos de difracción de otros minerales presentes en el hacha. Se comparó este difractograma con una muestra geológica de fibrolita, procedente de la zona de Somosierra-Cerezo, en la vertiente norte de la Sierra de Guadarrama (Segovia), con total coincidencia entre ambas". Aquí quería yo llegar: Sillimanita y Cerezo.
(Puedes leer el estudio completo: "Caracterización arqueométrica de un hacha pulimentada del sector III de Morgotako Koba (Kortezubi, Bizkaia)" aquí)
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| Canto rodado de sillimanita pulido naturalmente |
Habría que puntualizar que este uso como "endurecedor en los procesos cerámicos" es el "moderno", porque ya hemos visto que, en el Paleolítico, se usaba para confeccionar hachas, azuelas y distintas herramientas usadas por los cazadores-recolectores.
¿Y Cerezo? Pues, desde los tiempos del avance de la frontera cristiano-musulmana y la repoblación del territorio castellano, a partir del siglo XIII, se configuraron dos núcleos de población, denominados Cerezo de Suso (Arriba) y Cerezo de Yuso (Abajo) en la ladera norte de la sierra de Guadarrama, en la vertiente segoviana. Se piensa que dieron esos nombres porque los repobladores eran originarios de Cerezo de Río Tirón, en Burgos (y nada que ver con el árbol, que no se da en estas tierras).
Pero la sillimanita no solo llamó la atención a los hombres del Neolítico. Una vez que los metales sustituyeron a las piedras en las herramientas y útiles de caza, las piedras de sillimanita pasaron a tener otros usos...
De ellos, el más llamativo, el que se ha transmitido por generaciones de pastores y leñadores es el de "piedra talismán" o "piedra del dinero", esto es, portadora de la buena suerte.
Conocidas por los lugareños como "centellas" (ya hemos visto que la denominación técnica de sillimanitas es de comienzos del siglo XIX), existía la creencia de que estas llamativas piedras habían sido impactadas por un rayo y que, en consecuencia, quien las portara como amuleto estaría a salvo de posteriores descargas (y de males en general).
En los años 50 a 70 del siglo pasado (quizá por padecer otras escaseces) se constituyó una verdadera "industria" de búsqueda, extracción y pulido de estas centellas.
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