Llevamos un año donde el viajar, salvo por motivos laborales, se ha convertido en una pequeña odisea, cuando no en un flagrante quebrantamiento de las recomendaciones sanitarias y gubernativas. Y me refiero a todos los medios de transporte: privados y colectivos, coches, trenes, barcos y aviones. Pero, en medio de este panorama desalentador para fabricantes de automóvil, compañías ferroviarias, marítimas y aéreas, han ido apareciendo algunas noticias que auguran, quizá no a corto plazo, pero sí para dentro de 5 - 10 años, una serie de posibilidades en cuanto a medios de transporte que pueden suponer, en su conjunto, un cambio disruptivo en la forma en que entendemos las distancias y las formas en que nos desplazamos de un lugar a otro. Me explico, empezando por lo más fácil:
El coche volador: un clásico de la ciencia ficción. Que, en esencia, sólo necesita de unas tecnologías ya disponibles. Sólo requiere afinar (=reducir mucho) el coste y resolver, quizá ahí reside la mayor dificultad, la problemática regulatoria que implicaría ordenar el funcionamiento simultáneo de miles de coches voladores en un entorno urbano.
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PAL-V Pioneer |
Se trata de modelos muy básicos en cuanto a prestaciones: 2 personas, máximo 20 kg de equipaje, velocidad máxima en vuelo 180 km/h, máxima altura operativa 3.500 metros, autonomía 400-500 km. O sea, que de Madrid a Bilbao, justito, pero en poco más de 2 horas, lo mismo que el deseado AVE (cuando finalmente llegue). Eso sí, te deja en tu destino final, no en la estación de Abando.
Falta la certificación de la European Aviation Safety Agency que le permita operar, pero que esperan conseguir en 2022 (optimista me parece). Y su lema es "A car that flies, a plane that drives".