viernes, 1 de mayo de 2020

¿Por qué el "Homo Sapiens" imagina dragones?

Fue a primeros de abril. En un grupo compartido de guasap (me imagino que la RAE acabará aceptando este uso popular del término), mi amigo y admirado historiador Nacho S. nos anunciaba que se había puesto manos a la obra para preparar una conferencia nueva sobre "cómo en Occidente, a partir del siglo XV, se empiezan a crear mapas con zonas en blanco, en las que se constata que no todo el mundo es conocido, y quizá esa sea una de las razones que acabaron provocando el dominio mundial de Occidente durante varios siglos".  Y mencionó la frase "Hic sunt dracones" ("Aquí hay dragones") como posible título de la charla. 

Al día siguiente me metí en Google para saber más de esa frase, y supe que su primera aparición en una obra cartográfica fue en el conocido como "Globo de Lenox" (ca. 1510), llamado así no en honor a su autor, que se desconoce, sino al filántropo americano James Lenox, (1800-1880) que lo incorporó a su colección. Es un pequeño globo terráqueo, de unos 13 cm de diámetro. Encontré esta proyección en plano, busqué la frase y aquí la he señalado:

Versión en plano del Globo de Lenox (ca. 1510)
Cuesta un poco verla, pero ahí está, en la costa del sudeste asiático. Puede que se utilizara la palabra "dragones" en sentido concreto, refiriéndose a lo que hoy llamamos "dragones de Komodo", el lagarto de unos 2-3 metros que habita en ciertas islas de Indonesia. Pero la frase en cuestión se popularizó para referirse a eso, a lugares inexplorados o peligrosos. 

Y aprovechando que el Eresma pasa por Segovia (¡ya está bien de centralismo vallisoletano!), empecé a leer cosas sobre los dragones, esas criaturas míticas que aparecen en casi todas las culturas actuales y ancestrales, aunque con variantes significativas. Y esto es lo que me ha parecido más curioso.



En primer lugar, copio del libro "An Instinct for Dragons" (Routledge, 2002) del antropólogo americano David E. Jones, estos datos de su introducción:

"Los chinos lo llaman lung, los hawaianos kelekona, y a veces mo´o, serbios y croatas zmaj, los fineses lohikaarme, unktena los indios cheroquis. Los polacos hablan de smok, los turcos de ejdera, los maoríes de Nueva Zelanda de tarakona, y los húngaros de sarkany. Los japoneses lo llaman tatsu, los galeses draig, los germanos lindwurm, los holandeses draak y los sioux lakota unhcegila... los ingleses  lo llaman dragon" (y añado yo, los países latinos, dragón/drago/dragão).

El libro de Jones propone una hipótesis sorprendente para explicar por qué todas las culturas antiguas (específicamente babilonios, egipcios, griegos, romanos, chinos, hindúes, olmecas, aztecas,...) desarrollaron el "mito" de unas criaturas aparentemente irreales. Fue muy contestado por otros autores, pero merece la pena "escucharle".

En primer lugar, rebate la idea de que las civilizaciones antiguas crearan el mito de esas criaturas a partir de fósiles de grandes saurios del Jurásico encontrados de manera más o menos casual. Primero porque no era (ni es) fácil encontrar estos fósiles; segundo porque aunque el gran tamaño sí que podría evocar criaturas gigantescas, ningún dinosaurio (o equivalente) reuniría la mezcla de características que se suelen dar en los dragones: cuerpo de serpiente, cabeza de felino, a veces alas de murciélago, patas con garras de ave rapaz y, normalmente echando fuego por la boca.

El hecho de que los inuit, el pueblo esquimal que habita por encima del Círculo Polar Ártico, también tenga en su mitología un reptil de aspecto de dragón, cuando jamás han visto un reptil por aquellos lares, es un argumento fuerte a favor de que el origen tiene que ser mucho más remoto.

Cercopiteco verde
Por hacer la historia corta, Jones llamaba la atención sobre los monos conocidos como Cercopitecos verdes ("Chlorocebus pygerythrus"), bastante abundantes en todo el África subsahariana. Al parecer, estos monos tienen desarrollado un sistema de "señales" para advertir a la manada de la presencia de depredadores. Y no en general, sino que tienen señales distintas para, al menos, cuatro de los principales: leopardos, águilas, pitones y babuinos. Así, cuando la manada escucha el aviso de "leopardo" todos se suben a las ramas más frágiles de los árboles, capaces de soportar su peso pero no el de un leopardo; cuando escuchan el aviso de "águila", instintivamente miran al cielo: si están en lo alto del árbol, bajan rápidamente al suelo; si ya están en el suelo, corren a esconderse en los matorrales.

Es lo que, durante unas décadas (ahora parece que hay otras hipótesis), se conoció como la "respuesta instintiva del cerebro reptiliano", que era una de las 3 "capas" del cerebro de los mamíferos avanzados (reptiliano, límbico y neocórtex), ante la amenaza de un peligro, real o imaginado.

Y Jones hacía una extrapolación arriesgada: ¿es posible que ese "temor" atávico a ciertos depredadores del ecosistema donde se desarrollaron los primeros Homo (recordemos del post de la evolución que las ramas de monos cercopitecos y hominideos se separaron hace unos 23 millones de años), permaneciera en el cerebro humano y le permitiera "imaginar" ciertas combinaciones de características que alumbraran una criatura irreal, pero "suma" de las anteriores? Y así, según Jones, surgieron los dragones. Ya digo que esta hipótesis fue muy contestada en su momento, pero a mí no me parece descabellada.

A todos nos dan un poco de yu-yu
Porque sí que se ha demostrado empíricamente que bebés de 5-6 meses reaccionan de forma diferente (sus pupilas se dilatan más y fijan la mirada) cuando se les enseñan fotos de arañas y serpientes que cuando son imágenes de otros animales potencialmente peligrosos como osos o rinocerontes (que aparecieron mucho tiempo después en el ecosistema de los primates). En un estudio en el que participó la neurocientífica Carmen Agustín-Pavón, profesora en la Universidad de Valencia, "medimos las reacciones de miedo en monos tití criados en cautividad y que, por tanto, nunca habían visto una serpiente. Pese a ello, los animales reaccionaban de manera muy evidente a una serpiente de plástico, observándola prolongadamente, alejándose y emitiendo vocalizaciones asociadas al peligro".
(Puedes leer el artículo completo, "¿Por qué tenemos miedo a las serpientes?" aquí).

Quizá ahora se entiende mejor la presencia de la serpiente en dos de las "epopeyas" escritas más antiguas que se conocen:

La serpiente le roba la planta a Gilgamesh
- En el "Poema de Gilgamesh", escrito en tablillas de arcilla, en lengua sumeria, con escritura cuneiforme, datado hacia el año 2500 - 2000 a.C., en el episodio donde el protagonista busca la inmortalidad, emprende un peligroso viaje para visitar a Utnapishtim (el Noé sumerio) y a su esposa, los únicos seres humanos que sobrevivieron "la gran inundación" y a quienes les fue concedida la inmortalidad por los dioses.  Después de varias peripecias, y cuando ya anuncia su regreso, Utnapishtim le menciona a Gilgamesh cierta planta del fondo del océano que lo hará joven de nuevo. Gilgamesh obtiene la planta atando rocas a sus pies, para poder caminar en el fondo del mar, pero no confía en su efecto y decide probarla en un hombre viejo en Uruk. Por descuido, pone la planta en la orilla del lago mientras se baña y es robada por una serpiente que pierde su vieja piel y renace.

- En el libro del Génesis, en el episodio de la expulsión del Paraíso, una vez que Eva es engañada por una serpiente para incumplir su mandato, Yahvé lanza su maldición (Gen. 3 14-15): "Por haber hecho esto, maldita serás entre todos los ganados, y entre todas las bestias del campo. Te arrastrarás sobre tu pecho, y comerás el polvo todos los días de tu vida. Pongo perpetua enemistad entre ti y la mujer, y entre tu linaje y el suyo; éste te aplastará la cabeza, y tú le acecharás el calcañal". (Que calcañal es lo que pone en la versión de Nacar-Colunga; que la RAE dice que es más usado calcañar, y que, para entendernos, es el talón del pie).

Es curioso que en Occidente la figura del dragón es normalmente "maligna", asociado a la lucha contra un héroe o un dios, y muchas veces relacionado con el diablo y el inframundo, mientras que en Oriente es más una criatura benéfica, "protector" del hombre, y símbolo de buena fortuna (y normalmente no echa fuego por la boca, ni tiene alas, aunque también vuela gracias a la magia).

El dragón símbolo de la ciudad de Ljubljana (Eslovenia)

Dragón rojo y oro en la fiesta del Año Nuevo chino

En la mitología azteca, Quetzalcoatl, la "serpiente emplumada", híbrido del ave quetzal y de una serpiente, se considera la principal deidad del panteón mexica, aunque su origen es olmeca (civilización mesoamericana que alcanzó su cenit entre 1200 y 800 a.C.). Curiosamente, también se han encontrado representaciones de un "dragón olmeca", con fuertes rasgos de serpientes, aves y jaguares. Que las representaciones americanas sean más parecidas a las orientales que a las europeas tiene todo el sentido, si tenemos en cuenta lo que hoy sabemos sobre el poblamiento original del continente americano.

Quetzalcoatl (dibujo de Adrián Acosta)


Quiero terminar dedicándole un párrafo a San Jorge, y su famoso dragón. Según la tradición, Jorge de Capadocia, militar romano de fe cristiana, fue decapitado por orden del emperador Diocleciano el 23 de abril del año 303 (¡qué precisión!) en Nicomedia (actual Turquía), tras renunciar a abjurar de su religión. Fue canonizado el año 404 por el Papa Gelasio I. Pero la leyenda que le sitúa como vencedor de un dragón proviene de una obra del siglo XIII, la "Legenda Aurea" (La Leyenda Dorada) compilación de relatos hagiográficos reunida por el dominico Santiago de la Vorágine, arzobispo de Génova.

San Jorge y el dragón - Obra de Rafael Sanzio (1504)
Copio de la Wikipedia: "Fue uno de los libros más copiados durante la baja Edad Media, y aún hoy existen más de un millar de ejemplares manuscritos... El texto original, redactado en latín, recoge lecturas sobre la vida de unos 180 santos y mártires cristianos a partir de obras antiguas y de gran prestigio: los propios Evangelios, los apócrifos y escritos de Jerónimo de Estridón, de Casiano, de Agustín de Hipona, de Gregorio de Tours y de Vicente de Beauvais, entre otros... Buena parte de las escenas de martirio que llegarían a poblar el repertorio iconográfico de Occidente alcanzaron difusión de este modo, como las conocidas escenas del desollamiento del apóstol Bartolomé, el asaeteamiento de Sebastián Mártir o el combate de Jorge de Capadocia y el dragón".

(En 1969, Pablo VI hizo opcional en el santoral de la Iglesia Católica el culto a San Jorge, debido a la dudosa veracidad de su historia martirológica, aunque en la Iglesia Ortodoxa se le sigue venerando como Santo Mayor).
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Pues hasta aquí mi incursión en el curioso mundo de los dragones. Ahora, a esperar a que Nacho nos avise de que ya tiene lista su conferencia, y a escucharla con fruición.

2 comentarios:

  1. Muchas gracias por tu aportación Ángel!!. Como ves soy fiel seguidor de tu Curios y no cabe duda que esta entrada es un acicate para seguir con la preparación de mi conferencia!!

    Un abrazo y a seguir escribiendo!!

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  2. Gracias Ángel. Muy interesante y muy bien escrito, que siempre se agradece mucho.
    No dejes de instruirnos.
    Un abrazo!

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