Fue en julio de 2022, en la presentación en la Fundación Telefónica del libro "Homo imperfectus" de la antropóloga María Martinón-Torres, donde escuché por primera vez hablar del sueño bifásico (aunque entonces no sabía que se llamaba así). En el coloquio, María comentó cómo ella pertenecía a esa clase de sapiens que, quizá por razones ancestrales, se despierta casi todos los días en mitad de la noche, se dedica a hacer tareas varias durante un tiempo y luego se vuelve a dormir.
En el libro lo comenta así (aprovecho para copiar la amable dedicatoria que me hizo):
"Qué quiere que le diga, querido lector. Saber que mi insomnio tiene abolengo a mí me consuela, le da otra luz a la noche oscura. Y cuando me despierto cada noche para nada, en un ejercicio poco útil, pero romántico, no busco chacales ni leones, pero me paseo por las habitaciones de mis hijos para comprobar que están bien tapados. Regreso así al lecho con mejor predisposición para intentar quedarme dormida de nuevo, aceptando con orgullosa resignación que este es el sino de los que pertenecemos a la estirpe de los centinelas".
Aludía así María a una posible explicación antropológica y evolutiva, de cuando los grupos de sapiens dormían en abrigos y cuevas y algunos individuos tenían que estar en semi-vigilia para alertar al grupo de la presencia de posibles depredadores.
(Paréntesis: al releer estas líneas me han venido a la cabeza las "imaginarias" de la mili, esas guardias de 2 horas en que se dividía la noche, desde el toque de silencio al de diana: generalmente, 1ª imaginaria, de 10 a 12, 2ª de 12 a 2, 3ª de 2 a 4 y 4ª de 4 a 6. La más temida, la 3ª imaginaria)
Pero la historia del sueño bifásico es mucho más curiosa. En 2005, el historiador norteamericano A. Roger Ekirch (1950 -) publicó lo que se considera "la biblia" de este fenómeno. Lo tituló "At Day's Close: Night in Times Past" ("Al final del día: La noche en tiempos pasados"). Copio y traduzco algunos párrafos de la reseña de Stephanie Hegarty que publicó en la BBC World Service en 2012 y que tituló "The myth of the eight-hour sleep" ("El mito de las 8 horas de sueño"):
"
El libro desvela más de 500 referencias a un patrón de sueño segmentado: en diarios, actas judiciales, libros de medicina y literatura, desde la Odisea de Homero hasta un relato antropológico de las tribus modernas de Nigeria.
Estas referencias describen un primer sueño que comenzaba unas dos horas después del anochecer, seguido de un período de vigilia de una o dos horas y luego un segundo sueño. "No se trata solo del número de referencias, sino de cómo se refieren a ello, como si fuera de conocimiento público", afirma Ekirch.
Durante este período de vigilia, la gente era bastante activa. A menudo se levantaban, iban al baño o fumaban tabaco, y algunos incluso visitaban a sus vecinos. La mayoría permanecía en cama, leía, escribía y rezaba con frecuencia. Innumerables manuales de oración de finales del siglo XV ofrecían oraciones especiales para las horas entre los sueños.
Y estas horas no eran del todo solitarias: la gente solía charlar con sus compañeros de cama o tener relaciones sexuales. Un manual médico de la Francia del siglo XVI incluso aconsejaba a las parejas que el mejor momento para concebir no era al final de una larga jornada de trabajo, sino «después del primer sueño», cuando «disfrutan más» y «lo hacen mejor»
Ekirch descubrió que las referencias al primer y segundo sueño comenzaron a desaparecer a finales del siglo XVII. Esto comenzó entre las clases altas urbanas del norte de Europa y, a lo largo de los siguientes 200 años, se filtró al resto de la sociedad occidental.
Para la década de 1920, la idea del primer y segundo sueño había desaparecido por completo de nuestra conciencia social. Él atribuye este cambio inicial a las mejoras en el alumbrado público y doméstico, y al auge de las cafeterías, que a veces abrían toda la noche. A medida que la noche se convertía en un lugar de actividad legítima y esta aumentaba, el tiempo que la gente podía dedicar al descanso disminuyó.".
Son interesantes algunas de las referencias literarias que apunta Ekirch, como la que aparece en el 2º libro de "La Eneida", de Virgilio:
"Tempus erat quo prima quies mortalibus aegris incipit et dono divum gratissima serpit".
"Era la hora en que el primer sueño comienza para los mortales cansados, y se apodera de ellos como el más dulce regalo de los dioses".
O como ésta del capítulo LXVIII: "De la cerdosa aventura que le aconteció a Don Quijote":
"Cumplió don Quijote con la naturaleza durmiendo el primer sueño, sin dar lugar al segundo; bien al revés de Sancho, que nunca tuvo segundo, porque le duraba el sueño desde la noche hasta la mañana, en que se mostraba su buena complexión y pocos cuidados".
O ésta de la antigua canción popular inglesa "Old Robin of Portingale":
"Y al despertar de tu primer sueño, tendrás una bebida caliente preparada, y al despertar de tu siguiente sueño, tus penas tendrán un descanso".
O ésta de Charles Dickens en su novela "Barnaby Rudge" (1840):
"Lo sabía, incluso en el horror con el que se sobresaltó al despertar de su primer sueño, y abrió la ventana para disiparlo por la presencia de algún objeto, más allá de la habitación, que no había sido, por así decirlo, el testigo de su sueño".
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En resumen, lo que quizá fue en sus orígenes una ventaja evolutiva, lo de tener períodos de vigilia durante la noche para detectar posibles depredadores, pasó después a ser una forma de "sobrellevar" los largos períodos de oscuridad, especialmente durante el invierno, necesidad que quedó superada ante la aparición de la iluminación eléctrica. Hoy en día, el despertarse en mitad de la noche se atribuye más a diversas dolencias del aparato urinario, a la menor necesidad de horas de sueño derivadas del envejecimiento o a situaciones de estrés derivadas del agitado ritmo de vida actual.
Y termino con un conocido dicho sobre las horas de sueño (hay diversas variantes...):
"Una hora duerme el gallo, 2 el caballo, 3 el santo, 4 el que no lo es tanto, 5 el caminante, 6 el estudiante, 7 el peregrino, 8 el capuchino, 9 el pordiosero, 10 el caballero, 11 el muchacho, 12 el borracho... y el perro y el gato, que duermen cada rato".
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