Recuerdo que sucedió un verano de finales de los 60, cuando ya el Programa Apolo estaba en pleno apogeo, pero antes de la llegada del hombre a la Luna (20 de Julio de 1969; el mes que viene hará 50 años). Desde nuestra residencia estival en Ortigosa del Monte (Segovia) salíamos cada noche, una hora después de la puesta de sol, a observar un fenómeno por entonces sorprendente. Con regularidad de reloj suizo, tres objetos luminosos cruzaban el cielo castellano en una bella parábola de oeste a este hasta desaparecer tras las cercanas laderas de la Sierra de Guadarrama.
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| Paso de la ISS y de un satélite (15 seg. de exposición) |
No iban muy juntos, ni tampoco muy separados, pero seguían la misma órbita. Eran bastante luminosos, como estrellas de magnitud 3-4, por lo que, tiempo después dedujimos que, o bien eran objetos bastante grandes y por eso reflejaban mucha luz solar, o bien iban en una órbita baja. No hace falta que recuerde que en esos años estaba también en su apogeo la fenomenología O.V.N.I. , por lo que, cada noche, se suscitaba el debate de a ver si no iban a ser satélites artificiales de fabricación humana (como proponían los más sensatos) sino curiosas naves alienígenas de reconocimiento, a un paso de decidir su lugar de aterrizaje en el planeta (tesis de los más osados). El caso es que al verano siguiente ya no aparecieron y ahí acabó la historia.






