viernes, 20 de septiembre de 2019

... y otros cardan la lana".


Cuando de niño visitaba el santuario de Nuestra Señora de La Fuencisla, patrona de Segovia, además de la imagen de la Virgen, de talla muy pequeña como casi todas, muy alejada en lo alto del retablo, pero con un gran manto y ornato, me llamó la atención la leyenda de la reja que "protege" el acceso al altar mayor. "DORÓSE ESTA REJA A EXPENSAS DEL GREMIO DE CARDAR Y APARTAR". Que lo de cardar te sonaba más o menos, por aquello de que "unos llevan la fama y otros cardan la lana". Pero, ¿en qué consistiría eso de apartar? ¿Y por qué era tan importante como para constituir un gremio, o al menos una parte de él? ¿Y qué dinero debía de manejar el comercio de la lana en esos tiempos para permitirse hacer este tipo de donaciones, que baratas no serían? Bueno, pues hasta ahí llegó la curiosidad infantil.


Viene esto a cuento porque hace unos meses, a primeros de Junio, apareció esta noticia en "El Diario Vasco":


Y me hizo pensar en cómo cambia el mundo. Y no sólo en todo lo relacionado con Internet y las nuevas tecnologías, sino en aspectos a priori tan básicos como las prendas de abrigo y la industria textil en general.

Consulté el trabajo de Angel García Sanz del año 2001 titulado "Antiguos esquileos y lavaderos de lana en Segovia"(*) y extraje los siguientes datos que me parecieron interesantes:

- Hacia 1750 (años de máximo esplendor de esta industria en España) se esquilaban en la provincia de Segovia unas 750.000 ovejas merinas, lo que representaba una quinta parte de todo el contingente lanar trashumante encuadrado en el Honrado Concejo de la Mesta (que debía albergar, por tanto, cerca de 4 millones de cabezas).

- Esta producción lanar iba destinada a la exportación (a los mercados de Flandes primero, Italia después y finalmente Francia, Países Bajos y Gran Bretaña), mientras que la industria pañera local se abastecía de otras fuentes, pequeños rebaños que no "trashumaban" sino que "trasterminaban" (pastaban en la sierra en verano y en la campiña próxima en invierno) y que producían una lana de una calidad un poco inferior.

- De toda la exportación de lana llevada a cabo en el período 1750-1754, el 31% correspondía a la "lana segoviana" (entendida como toda la esquilada en la provincia, aunque procediera también de cabañas de otras provincias). Estaba catalogada como de "calidad suprema". Otro 32% era de "lana castellana" (del resto de Castilla, León y La Mancha), también "fina merina", pero de una calidad inferior. La "lana extremeña" representaba un 21%, otro escalón inferior de calidad. Y el 16% restante procedía de Andalucía y toda la Corona de Aragón. 

Esquema de lavadero de lanas
- El proceso de lavado de la lana era fundamental por dos razones: primero porque eliminaba restos de excrementos, polvo, impurezas y, muy importante, la grasa de las fibras y, segundo, porque la lana lavada (y secada) pesaba la mitad que "en sucio" (sobre todo por las grasas eliminadas), lo que favorecía el transporte y la exportación. Pero el lavado tenía consecuencias medio-ambientales que a menudo suscitaban pleitos entre los industriales y los municipios donde se instalaban los lavaderos. El sentido común aconsejaba instalar estos lavaderos en puntos tales que sus aguas residuales (muy abundantes) desaguaran en "pozos negros" o en zonas del río aguas abajo de los abastecimientos a poblaciones, pero esto no siempre estaba claro de que se cumpliera.

- Pero, antes del lavado, entraban en acción nuestros amigos los "apartadores". Que clasificaban los vellones de lana en 4 categorías: R (Refina) - F (Fina) - S (Segunda de lo fino) - K (Caídas). Había una quinta, la A (Aninos), lana de los corderos, de calidad muy inferior. La práctica segoviana era que el comprador de lana sólo estaba obligado a llevarse las "pilas", integradas por lanas de calidades R,F y S. El resto las podía desechar. Por eso eran tan estimadas las partidas de "lana segoviana". Y de ahí la importancia del "gremio de cardar y apartar". 

- Hasta mediados del siglo XVIII, la exportación de ovejas merinas (en vivo) era un delito castigado con la muerte, lo que mantuvo el monopolio de Castilla en la producción y venta de este tipo de lana. Pero, una vez abolido este monopolio, la propia Corona española usó a las ovejas como un medio de rubricar tratados de amistad o comercio con naciones amigas, regalando ejemplares merinos procedentes del rebaño real de El Escorial. En 1723 se regalaron merinos a Suecia y en 1765 al Elector de Sajonia Príncipe Javier, primo del Rey Carlos III. En 1775 se regalaron ejemplares a Hungría y en 1786 a Prusia. En 1786 se envió un rebaño al rey de Francia Luis XV, que lo llevó a la Granja Real de Rambouillet (origen de la famosa variedad). Y poco después, de manera indirecta, llegaron las primeras merinas a Inglaterra. Y a Australia. Y a Argentina. Comienzo del fin...

La demanda de exportación cayó en picado. Y la cabaña merina también. Mantuvieron su población las otras razas ovinas más orientadas a la producción de carne y de leche (las churras, las manchegas, las castellanas, las latxas...). Cuya lana era menos apreciada, pero que también tenía su salida, como dice el artículo de arriba, en la fabricación de colchones, almohadas, mantas, alfombras,...

Pero... ¿quién se compra hoy día un colchón de lana? Total, que los criadores de ovejas han acabado casi "pagando" por que les retiren la lana de sus ovejas.

En números globales, según la web del Ministerio de Agricultura, y con datos a Noviembre de 2018, en España había casi 16 millones de ovejas. De ellas, unos 8,2 millones dedicadas a carne, 2,2 millones a ordeño (leche y quesos), 3,4 millones de ejemplares (machos y hembras) de menos de 1 año y 2,2 millones de "resto" (supongo que aquí entrarán las todavía dedicadas sólo a lana).

Y para que nunca más "confundamos churras con merinas", ni con otras razas, aquí van fotos de las 4 más representativas:


Merina

Churra

Manchega

Latxa
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(*) Ángel García Sanz - Antiguos esquileos y lavaderos de lana en Segovia - Editado por la Real Academia de Historia y Arte de San Quirce - Colección "Segovia al paso" nº 10 - 2001

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