Fue en marzo de 2019 cuando publiqué el post "Puede que la clave para vencer al Alzheimer nos la hayan proporcionado los chamorros" (lo puedes volver a leer aquí). En síntesis, el artículo reflejaba las investigaciones de Paul A. Cox y Oliver W. Sacks con los indígenas chamorros de la isla de Guam. Y su conclusión era que el consumo de "zorros voladores" (murciélagos enormes), algo muy típico en el pasado de la isla, era la causa de la mayor prevalencia de la enfermedad ALS-PDC (Amyotrophic Lateral Sclerosis–Parkinsonism Dementia Complex) entre sus habitantes. Pero el agente causante primordial no era el murciélago, sino su alimentación, unas plantas que contenían el aminoácido BMAA (Beta-metilamino-L-Alanina), que se acumulaba en grandes dosis en la grasa del animal.
Cox y Sacks desarrollaron un antagonista al BMAA, la L-serina, y emprendieron varios ensayos clínicos con pacientes de ELA y Alzheimer, con buenos resultados (en el sentido de que mantuvieron o desaceleraron el deterioro cognitivo; nunca lo revirtieron).
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Yarumal, Provincia de Antioquia, Colombia Citada a veces como "La ciudad con más alzhéimer del mundo" |
Allí, desde hacía décadas, habían sido detectados numerosos casos de una "demencia" que afectaba, por lo general, a personas relativamente jóvenes -los primeros síntomas se manifestaban a los 45-50 años- y de una misma "familia" en sentido amplio. Era conocida como "la bobera de los Piedrahita". Bobera, porque los afectados se volvían bobos, según sus congéneres, y, de los Piedrahita, porque muchos de los enfermos compartían ese apellido.