Es frecuente que, en una conversación informal sobre el blog, me preguntéis cómo se me ocurren los temas y el tiempo que me lleva documentarme y preparar los posts. Sobre lo primero, mi respuesta suele ser que, a raíz de todo lo que veo y leo, de pronto se me enciende una especie de bombilla interior que me dice "aquí puede haber un tema curioso". Entonces, profundizo en lo que me ha llamado la atención (hoy día buscar y encontrar información es muy fácil) y voy confirmando si el tema puede ser interesante para un post o no. El tema de hoy es un buen ejemplo.
En uno de mis paseos estivales por Bilbao, más concretamente en el límite entre los barrios de Deusto y San Ignacio, me encontré el pasado agosto con esta hornacina (debo decir que casi de casualidad, pues está en alto, medio tapada por ramas y no es fácil verla):
Ya se ve que está dedicada a Santo Tomás de Canterbury y representa la imagen de su muerte a manos de unos caballeros. El edificio donde está alberga en la actualidad (desde 1961) unas oficinas auxiliares de la Universidad Pública del País Vasco, en las inmediaciones de la Facultad de Económicas y Empresariales de Sarriko. Había que investigar qué había sido el edificio anteriormente...
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| Situación de la hornacina en el edificio |
La búsqueda fue fácil. Todo ese complejo universitario actual se asienta sobre lo que fue la residencia y jardines de los Condes de Zubiría, cuyo primer titular fue Tomás de Zubiría e Ybarra (1857-1932), uno de los empresarios más notables de la burguesía bilbaína (fue presidente de Altos Hornos de Vizcaya y de la Naval de Sestao, entre otras). Por hacer la historia corta, la casa palacio y algunos edificios auxiliares fueron destruidos durante la Guerra Civil y fue en 1939 cuando el arquitecto bilbaíno Manuel María Smith (1879-1956) recibió el encargo de diseñar y construir una nueva casa palacio y en 1941 una nueva portería para el recinto. En ella es donde se encuentra la hornacina (ver foto). Se dice que el estilo de la portería se asemeja a los "gatehouses" ingleses, con paso de carruajes incluido.
¿Por qué el arquitecto Smith (o sus clientes Zubiría) incluyeron esa hornacina con el santo inglés? Chi lo sa... por ahora no he encontrado ninguna fuente que lo explique.
Pero un curioso impenitente no se detiene ahí... y seguí tirando del hilo... y busqué qué relación podía haber tenido el santo inglés con España. Y ahí aparecieron una serie de datos curiosos. Antes, un poco de contexto:
Thomas Becket (Londres, 1118 - Canterbury 1170) fue un noble, político y religioso católico inglés, arzobispo de Canterbury entre 1162 y 1170, y lord canciller del Reino de Inglaterra. Fue asesinado el 29 de diciembre de 1170 tras entrar en conflicto con su anterior protector el rey Enrique II de Inglaterra por la defensa de los intereses de la Iglesia católica inglesa, por lo que es considerado mártir y venerado como santo por las iglesias católica y anglicana.
Enrique II estuvo a punto de ser excomulgado por este asesinato (no está claro si lo ordenó directamente o fue una mala interpretación de un duro comentario suyo por parte de algunos de sus caballeros). El caso es que, para ser rehabilitado y volver al redil de la iglesia, tuvo que sufrir una dura penitencia pública. El papa Alejandro III canonizó al mártir Thomas poco más de dos años después de su muerte, en 1773. El rey Enrique II, en un nuevo gesto de arrepentimiento, declaró a Santo Tomás de Canterbury (como se le empezó a conocer) como santo protector de su familia, la famosa casa de Plantagenet, y ordenó a sus descendientes que difundieran el culto al nuevo santo allá donde se encontraran.
Relacionado con esto, ese mismo año 1770 se había dado otro hecho interesante relacionado con esta familia. Leonor Plantagenet, sexta hija de Enrique II, se había casado ese año en Tarazona con el rey Alfonso VIII de Castilla (sí, el de las Navas de Tolosa). Leonor tenía diez años y Alfonso quince, pero así funcionaban las cosas por entonces. O sea que había una Plantagenet en Castilla.
Fuera casualidad o no, resulta que en 1775, solo 5 años después de la muerte del santo y 2 desde su canonización, "desembarcan" en Salamanca dos maestros constructores ingleses, los hermanos Ricardo y Randulfo (así, sin apellido han pasado a la historia), que asumen la iniciativa de construir una iglesia en honor del santo inglés, la iglesia de Santo Tomás Cantuariense, y así contribuir a difundir su culto. (Cantuariense era la versión latina de Canterbury; su arzobispo era el Archiepiscopus Cantuariensis). La iglesia fue la primera (o de las primeras, hay opiniones) construida en honor al santo fuera de Inglaterra, y se conserva hasta hoy día con esa misma advocación en el núcleo urbano de Salamanca.
En poco tiempo, se supone que por influencia de la reina Leonor, se dedicaron templos a Santo Tomás de Canterbury en Toledo, Barcelona, Zaragoza, Burgos, Zamora, Soria y Astorga, entre otras localidades. O sea que queda acreditado cómo llegó y se difundió en los reinos de Castilla y de León el culto al santo a finales del siglo XII.
Muy bien. ¿Y las chovas piquirrojas del título del post, a qué venían? Pues se trata de una leyenda que se difundió a partir del asesinato del santo. Se dijo que un par de "córvidos", atraídos por la escena del crimen, mojaron sus patas y sus picos en la sangre derramada del santo y se convirtieron en las chorvas piquirrojas ("red-billed chough" en inglés, Pyrrhocorax pyrrhocorax en su nombre científico) tal y como las conocemos ahora.
La leyenda cuajó hasta el punto de que, con el paso del tiempo, pasaron a formar parte del escudo de Santo Tomás y, posteriormente, de la propia ciudad de Canterbury.
Pero lo curioso no termina ahí. Berenguela de Castilla, hija mayor de Alfonso VIII y de Leonor, y por tanto Plantagenet por vía materna, parece que heredó la devoción por el santo y adoptó de alguna manera la figura de las chovas piquirrojas como emblema. En el convento de Santa Clara de Salamanca, construido bajo su auspicio a finales del siglo XIII, en el artesonado que rodea su techumbre, entre una profusión de signos heráldicos, se encuentran estos dos paneles, símbolo de la unión de Castilla y Plantagenet:
Hay que ver lo que da de sí un paseo estival... Y así se escribe el post.
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Posdata 1: Las chovas (no sé muy bien si piquirrojas, piquigualdas o de las dos especies, que son las únicas que hay) son muy populares en la ciudad de Segovia. Al final de la tarde, sobre todo en primavera y verano, se las puede ver revoloteando, armando ruido y buscando su acomodo para la noche alrededor de la Catedral.
También tienen su leyenda: se dice que nunca se posan en la iglesia de la Veracruz, extramuros de la ciudad. Al parecer, un caballero templario murió tras inaugurarse el templo. Su cuerpo quedó solo una noche en el altar, y las chovas y los grajos picotearon el cadáver hasta dejarlo en los huesos. El prior maldijo a las aves y les prohibió posarse jamás en el tejado. Desde aquel día, dicen que ningún grajo o chova se posa sobre la Iglesia de la Veracruz.
Posdata 2: En el pueblo segoviano de Vegas de Matute, la iglesia parroquial también está bajo la advocación de Santo Tomás de Canterbury. Se construyó a finales del siglo XVI por iniciativa del señor de Las Vegas, Don Pedro de Segovia, y la llevó a cabo el famoso arquitecto Rodrigo Gil De Hontañón. ¿Por qué esa advocación? Nuevamente, chi lo sa...
Pero cada 29 de diciembre se sigue sacando al santo patrono en procesión y se le bailan unas jotas...
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