viernes, 25 de septiembre de 2026

¿Qué harán los humanos cuando la IA lo haga todo mejor?

Nota previa: Tenía ya previsto un post para publicar esta semana, pero... "la actualidad manda". En las dos últimas semanas ha "estallado" con gran efervescencia el debate sobre los peligros potenciales del desarrollo de la Inteligencia Artificial. Unos alertan sobre el riesgo que puede suponer para el futuro de la humanidad; otros matizan y descartan esos riesgos, si se establecen los controles oportunos. No voy a entrar hoy en ese debate. 

Pero sí que me ha hecho recordar un artículo publicado en agosto por Peter H. Diamandis, titulado "Qué harán los humanos cuando la IA lo haga todo mejor", que me hizo reflexionar cuando lo leí y que creo que aporta una visión muy interesante y reveladora, quizá excesivamente optimista, sobre el futuro que nos espera...

Lo copio y traduzco (Google Translate) tal cual. Solo he añadido algunas imágenes, para complementar el texto.

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Una reflexión sobre el propósito, el sentido y el futuro más allá del trabajo

Peter H. Diamandis - 18 de agosto

LA PREGUNTA

Cuando la IAG (Inteligencia Artificial General) pueda realizar cualquier tarea cognitiva mejor que cualquier humano, y los robots humanoides puedan ejecutar cualquier tarea física mejor que cualquier humano, ¿qué nos quedará? No en términos económicos, sino existenciales. ¿Qué le da sentido a una vida humana cuando no hay nada que un humano deba hacer que una máquina no pueda hacer mejor?

Esta no es una cuestión sobre el desempleo. Es una cuestión sobre el propósito. El problema del desempleo tiene una respuesta política (ingresos universales elevados, redistribución, infraestructura). El problema del propósito, no. Es la pregunta filosófica más profunda de la era de la IA, y casi nadie está trabajando seriamente en ella. Este documento es un primer intento.


ANTECEDENTE HISTÓRICO 1: EL CONCEPTO GRIEGO DE *SKHOLÈ*

Los antiguos griegos tenían una palabra para aquello a lo que nos estamos acercando: *skholè* (σχολή). Es la raíz de nuestras palabras «escuela» (*school*) y «erudito» (*scholar*). Pero *skholè* no significaba escuela tal como la conocemos. Significaba libertad frente al trabajo, dedicada a la búsqueda intelectual y espiritual. Para la aristocracia griega, el trabajo era cosa de esclavos y metecos. La vocación suprema del ciudadano era la *skholè*: filosofía, política, atletismo, arte, conversación, los Juegos Olímpicos, el simposio.

Aristóteles escribió que «trabajamos para tener ocio». El ocio no era holgazanería; era la actividad más seria de la vida. La palabra griega para el ocio pasó a designar la búsqueda intelectual porque los griegos comprendían algo que nosotros hemos olvidado: las actividades humanas más elevadas son aquellas que se realizan por sí mismas, no por supervivencia.

El mundo posterior a la IAG supone la democratización de la *skholè*. Por primera vez en la historia, cualquiera puede ser erudito, atleta, filósofo o artista. No porque sean aristócratas, sino porque las máquinas se encargan de la supervivencia. La pregunta es si utilizaremos esa libertad como lo hicieron los griegos o como lo hicieron los romanos (pan y circo).


ANTECEDENTE HISTÓRICO 2: EL MECENAS DEL RENACIMIENTO

La familia Médici gastó 633.000 florines entre 1434 y 1471 en mecenazgo. Eso equivale aproximadamente a 500 millones de dólares actuales. Financiaron la cúpula de Brunelleschi, las pinturas de Botticelli, las esculturas de Miguel Ángel, la ciencia de Galileo y la Academia Platónica de Florencia. Ellos no crearon el arte directamente; crearon las condiciones para que el arte existiera.

Lorenzo de Médici rodeado de artistas
El aristócrata renacentista no trabajaba en el sentido en que hoy entendemos el trabajo. Su «oficio» consistía en ser mecenas: identificar el talento, financiarlo, protegerlo y seleccionar o supervisar los resultados. Lorenzo de Médici no era pintor ni escultor; era un curador del genio humano. Su propósito no era producir, sino facilitar, elegir y dirigir recursos hacia lo bello y lo verdadero.

En el mundo posterior a la llegada de la IAG, el papel del mecenas está al alcance de todos. La IA produce; los humanos seleccionan y supervisan. La pregunta «¿qué debemos construir?» cobra más importancia que «¿cómo lo construimos?». El modelo de los Médici sugiere que la selección, el mecenazgo y el buen gusto no son actividades menores; son las actividades que dieron origen al Renacimiento.


ANTECEDENTE HISTÓRICO 3: CÓMO PASAN SU TIEMPO HOY LAS PERSONAS ULTRA-ADINERADAS

Una investigación de la Harvard Business School sobre millonarios reveló que las personas adineradas dedican más tiempo al ocio activo (ejercicio, voluntariado, socialización, lectura) y menos al ocio pasivo (televisión, navegar por redes sociales) que la población general. El informe de JPMorgan sobre familias ultra-ricas identificó la lectura como el hábito más común. Así es como realmente pasan sus días las personas ultra-adineradas:

• Optimización física: Entrenadores personales, golf, tenis, navegación a vela, yoga, gimnasios en casa. El cuerpo como proyecto.

• Búsqueda intelectual: Lectura (el hábito más citado), escritura, aprendizaje de idiomas, acumulación de conocimientos.

• Mecenazgo y filantropía: Financiación de fundaciones, museos, universidades e investigación científica. El impulso de los Médici perdura.

• Selección y coleccionismo: Arte, vino, relojes, automóviles, bienes raíces. El acto de elegir y configurar.

• Conexión social: Cenas, clubes, viajes en familia, mentoría. Las relaciones profundas como recompensa fundamental.

• Expresión creativa: Pintura, música, escritura, cine. No por dinero, sino por el acto de crear en sí mismo.

• Exploración: Turismo espacial (Bezos, Branson), exploración de las profundidades marinas, deportes extremos, viajes de aventura.

• Práctica espiritual: Retiros de meditación, estudio filosófico, compromiso religioso, búsqueda de sentido.

• Competición: Ajedrez, póquer, carreras, apuestas. El impulso de ponerse a prueba frente a los demás, incluso cuando el dinero es irrelevante.

• Mentoría y legado: Transmitir conocimientos a los hijos, crear instituciones, escribir memorias.

Observa lo que falta en esta lista: ninguna de estas actividades constituye «trabajo» en el sentido económico. Ninguna se realiza por necesidad de supervivencia. Todas son autotélicas: se llevan a cabo por sí mismas. Las personas ultrarricas ya han llegado al destino de la era posterior al trabajo. Son un anticipo de lo que todos haremos cuando la IAG elimine la necesidad de trabajar. Los datos sugieren que no se aburren ni carecen de propósito; son las personas más ocupadas y comprometidas de la Tierra. Simplemente, no lo hacen por dinero.


10 CATEGORÍAS DE PROPÓSITO HUMANO EN LA ERA POST-IAG

Basándonos en precedentes históricos, en la psicología del estado de flujo (*flow*) y en años de trabajo sobre esta cuestión con la comunidad Abundance360, presentamos 10 categorías de actividades que nos darán un propósito cuando la IAG pueda hacerlo todo mejor:


1. EL COMISARIO O CURADOR (El papel de los Médici)

Cuando la IA pueda producir cualquier cosa, la habilidad humana más valiosa será decidir qué debe producirse. La curaduría es un acto que requiere criterio estético, valores y visión. La IA puede generar 10.000 imágenes, 10.000 planes de negocio o 10.000 hipótesis científicas; el ser humano decide cuáles son relevantes. No es un papel menor; es el papel que dio origen al Renacimiento.

Encargar obras de arte, proyectos científicos y expediciones de exploración a sistemas de IA.

Curaduría del conocimiento: recopilar, organizar e interpretar lo que produce la IA.

Establecer prioridades: decidir qué problemas debe resolver la IA en primer lugar.

El criterio estético como nueva inteligencia: la persona que sabe reconocer lo bueno, lo bello y lo verdadero se vuelve más valiosa que aquella que sabe cómo crearlo.


2. EL EXPLORADOR

La IA puede procesar datos más rápido, pero los humanos siguen queriendo estar físicamente en la cima de la montaña. La experiencia del descubrimiento no es lo mismo que el hecho del descubrimiento en sí. La IA puede cartografiar el fondo oceánico, pero el ser humano sigue queriendo sumergirse en él. La IA puede calcular las condiciones atmosféricas de Marte, pero el ser humano sigue queriendo caminar sobre su superficie.

Exploración espacial: el impulso humano de ir adonde nadie ha ido, incluso cuando la IA ya ha estado allí.

Aguas profundas, regiones polares y cuevas: exploración física de las últimas fronteras de la Tierra.

Exploración interior: meditación, psicodélicos, estudios de la conciencia y exploración de la experiencia subjetiva.

La IA puede decirte qué hay allí; solo tú puedes experimentar lo que se siente al estar allí. La experiencia es lo que importa.


3. EL ATLETA (Mental y físico)

Cuando los motores de ajedrez superaron a los jugadores humanos en 1997, más personas jugaban al ajedrez que nunca. Cuando la IA conduzca vehículos mejor que los humanos, más gente conducirá por placer. La esencia del deporte no es ser el más rápido, sino ponerse a prueba frente a los propios límites. Que la IA sea superior no resta valor a la experiencia; al contrario, la libera de la presión de competir por la supervivencia.

Deportes físicos: el cuerpo como instrumento, llevado al límite por el placer de alcanzar la maestría.

Deportes mentales: ajedrez, póquer, juegos de estrategia, programación competitiva (contra otros humanos).

Deportes electrónicos (*e-sports*) y videojuegos competitivos: competición entre humanos, incluso cuando la IA es superior.

Los Juegos Olímpicos como modelo: no los vemos porque los humanos sean los más rápidos posibles, sino porque un ser humano logró algo extraordinario.


4. EL CREADOR (Aficionado en el sentido original)

«Amateur» proviene del latín *amare*: amar. El aficionado crea por amor, no por dinero. En el mundo posterior a la IAG (Inteligencia Artificial General), todos somos aficionados. La IA produce mejor arte, mejor música y mejores textos. Pero los humanos seguirán creando porque el acto de crear es, en sí mismo, la recompensa. Las investigaciones de Csikszentmihalyi sobre el estado de flujo (*flow*) demuestran que la felicidad más profunda proviene de la actividad autotélica: aquella que tiene su propio propósito.

Pintura, escultura, música, escritura: no para competir con la IA, sino por el estado de flujo que aporta la creación.

Jardinería, cocina, artesanía: crear cosas con las manos por la satisfacción de hacerlas.

Construir objetos físicos: carpintería, cerámica, artes textiles. Las manos quieren trabajar incluso cuando la mente no necesita hacerlo.

El camino es el destino. La IA produce el resultado; el ser humano experimenta el proceso.


5. EL CONSTRUCTOR DE RELACIONES

La IA puede simular empatía, pero no puede ser un amigo. La necesidad humana más profunda es la conexión con otras conciencias. En el mundo posterior a la IAG, las relaciones se convierten en la moneda principal. No porque nada más tenga valor, sino porque las relaciones son lo único que no puede delegarse a una máquina.

Amistad profunda: aquella que requiere décadas de experiencias compartidas.

Familia: crianza de los hijos, el papel de los abuelos, tradiciones familiares, transmisión intergeneracional de conocimientos.

Construcción de comunidad: crear y mantener el tejido social, los vecindarios y los grupos culturales.

Mentoría: transmitir sabiduría (no información) a las generaciones más jóvenes.

Amor: la experiencia más irreductiblemente humana. La IA puede simularlo, pero no puede vivirlo.


6. EL FILÓSOFO

Los griegos inventaron la filosofía porque disponían de *skholé* (tiempo libre para el ocio reflexivo). Cuando la supervivencia está garantizada, las preguntas más profundas se vuelven las más urgentes. ¿Qué es la conciencia? ¿Qué es el bien? ¿Qué es la belleza? ¿Qué deberíamos desear? La IA puede responder a «qué es»; los humanos deben responder a «qué debería ser». En el mundo posterior a la IAG, la pregunta filosófica se transforma en una cuestión de ingeniería.

Ética: ¿qué se le debería permitir hacer a la IA? ¿Qué deberíamos querer que haga?

Estética: ¿qué es bello? ¿Qué merece la pena crear?

Sentido: ¿qué es una buena vida? ¿Por qué vale la pena vivir? Gobernanza: ¿cómo deberíamos organizar la sociedad cuando el trabajo ya no sea necesario?

Cuando la supervivencia está garantizada, la vida no examinada se convierte en la única vida que vale la pena examinar.


7. EL MECENAS Y FILÁNTROPO

El modelo de los Médici llevado a escala universal. En un mundo de abundancia, todos disponen de recursos para canalizar. El mecenazgo se convierte en una actividad universal: identificar qué merece apoyo, financiarlo y verlo crecer. El modelo XPRIZE: incentivar los resultados que se desea ver en el mundo.

Financiación de la ciencia, el arte, la exploración y las causas sociales (incluso a pequeña escala).

Premios de incentivo: diseño de competiciones que orientan la IA y el esfuerzo humano hacia objetivos significativos.

Inversión ángel en creadores humanos: apoyar a las personas que aún desean crear cosas manualmente.

La democratización del mecenazgo: financiación colectiva a gran escala, guiada por el gusto humano y no por la optimización algorítmica.


8. EL NARRADOR

La IA puede generar historias. Pero las historias no tratan sobre el texto; tratan sobre la experiencia compartida de construir significado. Una historia contada por la IA son datos. Una historia contada por un humano a otros humanos es conexión. La hoguera no queda obsoleta porque tengamos luz eléctrica; seguimos sentándonos a su alrededor.

Narrativa personal: compartir experiencias vividas, memorias, historia oral.

Creación de mitos: elaborar las historias que otorgan identidad a una comunidad.

Humor: la comedia es la forma de arte más intrínsecamente humana. La IA puede escribir chistes, pero no puede comprender por qué hacen gracia.

La historia humana: interpretar y narrar la experiencia de ser humano en la era de las máquinas.


9. EL PADRE Y EL EDUCADOR

Fei-Fei Li le dijo a Huberman: «Siempre tengo esperanzas en los niños. Son curiosos». En el mundo posterior a la IAG, la educación no consiste en transmitir información (la IA lo hace mejor). Se trata de formar el carácter, transmitir valores y ayudar a los niños a descubrir aquello que aman. El método socrático se convierte en la única pedagogía que importa.

Criar hijos: no para ser trabajadores, sino para ser seres humanos plenos.

Enseñar sabiduría, no conocimiento: la IA posee conocimiento; los humanos poseen la sabiduría sobre qué hacer con él.

Educación del carácter: valentía, amabilidad, resiliencia, curiosidad. Estas cualidades no pueden ser entrenadas por la IA.

El padre como guía: ayudar a los niños a desenvolverse en un mundo donde todo es posible, lo que hace que la capacidad de elegir sea fundamental.


10. EL SANADOR

La IA diagnosticará mejor que cualquier médico. Los robots realizarán cirugías mejor que cualquier cirujano. Pero sanar no es lo mismo que curar. Sanar es el acto humano de acompañar el sufrimiento. Una enfermera que sostiene una mano. Un amigo que acompaña a alguien en sus últimos momentos. Una comunidad que se une para apoyar a quienes están quebrantados. La IA puede curar; solo los humanos pueden sanar. Sanación emocional: presencia, escucha, empatía, la calidez humana que ningún algoritmo puede replicar.

Cuidado comunitario: creación de sistemas de apoyo para los más vulnerables.

Acompañamiento al final de la vida: la actividad más humana de todas; estar junto a alguien mientras muere.

Cuidado espiritual: atender el alma —sea cual sea su definición— en un mundo donde el cuerpo es objeto de gestión técnica.


EL ARGUMENTO DEL «FLUJO»: POR QUÉ SER PEOR QUE LA IA NO IMPORTA

Las investigaciones de Csikszentmihalyi sobre los estados de «flujo» (*flow*) revelan algo crucial: la felicidad humana más profunda surge de actividades en las que el desafío se equilibra con la habilidad, la atención queda totalmente absorbida y la actividad es autotélica (realizada por el mero placer de hacerla). El flujo no consiste en ser el mejor del mundo, sino en sentirse plenamente vivo en el momento presente.

Un corredor no deja de correr porque un coche sea más rápido. Un jugador de ajedrez no deja de jugar porque Stockfish sea mejor. Un pintor no deja de pintar porque la IA genere imágenes en segundos. La experiencia del dominio, del flujo y de la presencia plena en la acción no se ve mermada por la existencia de algo superior; al contrario, se libera de la necesidad de competir.

Aquí reside la clave: el mundo posterior a la llegada de la IAG no elimina el propósito humano, sino que disipa la confusión entre propósito y productividad. Durante 10.000 años hemos equiparado el sentido de la vida con el trabajo, ya que este era indispensable para la supervivencia. Cuando la supervivencia está garantizada, por fin podemos descubrir qué es realmente el sentido. Y la respuesta —basada en todos los precedentes históricos, desde la antigua Grecia hasta las élites ultrarricas modernas— es que el sentido nace de la actividad autotélica: aquello que hacemos por sí mismo, con plena presencia y en comunidad con los demás.


EL PELIGRO: «PAN Y CIRCO»

La aristocracia romana también disponía de *skholé* (tiempo libre para el ocio creativo), pero eligió el «pan y circo»: combates de gladiadores, carreras de carros, *vomitoriums* y decadencia. Los griegos emplearon el ocio para crear la filosofía, la democracia y los Juegos Olímpicos; los romanos, en cambio, lo usaron para entretenerse hasta la muerte. Esa misma libertad generó civilización en un caso y colapso en el otro.

El mundo posterior a la IAG se enfrenta a esa misma encrucijada. En un camino: una *skholé* universal. Un mundo de filósofos, artistas, atletas, exploradores, mecenas y constructores de vínculos humanos. Un segundo Renacimiento, pero esta vez para 8.000 millones de personas. En la otra vía: «pan y circo» universal. Entretenimiento infinito generado por IA, optimización de la dopamina, escapismo mediante realidad virtual y la lenta atrofia de las capacidades humanas.

La diferencia entre ambos caminos no es la tecnología. Es la cultura. Es lo que valoramos. Es lo que enseñamos a nuestros hijos. Son las historias que contamos sobre el propósito de la vida humana. Los griegos tuvieron a Homero. El Renacimiento tuvo a Petrarca. ¿Qué historias contaremos en la era posterior a la IAG?


EL ENFOQUE DE LA ABUNDANCIA:

Esta cuestión conecta directamente con el boletín titulado «Cuando todos seamos ricos» que envié la semana pasada. El estilo de vida propio de un millonario dejará de ser un lujo exclusivo para volverse accesible (perdiendo su carácter de privilegio costoso) hacia 2031. Pero la pregunta que aquel boletín no respondió es: una vez que todo el mundo tenga acceso a ese estilo de vida millonario, ¿qué harán con él? Los ultrarricos de hoy nos dan la respuesta: buscan la salud, las relaciones, el aprendizaje, el mecenazgo, la exploración, la competición, la creación y el crecimiento espiritual. No porque estén obligados a hacerlo, sino porque esas son las actividades que dotan de sentido a la vida humana.

La tesis de la abundancia siempre ha trascendido lo meramente material; se trata de liberar el potencial humano. Una vez garantizada la supervivencia, optimizada la salud y liberada la inteligencia, la pregunta cambia: ya no es «¿cómo sobrevivimos?», sino «¿cómo prosperamos?». Todas las civilizaciones que alcanzaron el ocio —los griegos, los italianos del Renacimiento, los filósofos de la Ilustración y los ultrarricos de hoy en día— han respondido a esa pregunta. La respuesta es siempre la misma: dedicarse a lo que uno ama, cultivar relaciones, crear belleza, explorar lo desconocido y buscar la sabiduría.

Estos son los desafíos para los que ya se están preparando los miembros de mi comunidad Abundance360. Y quiero dejarlo claro: el mundo posterior a la llegada de la IAG no supone el fin del propósito humano, sino su comienzo. Por primera vez, todos podrán responder a la pregunta: «¿Qué harías si pudieras hacer cualquier cosa?». La respuesta a esa pregunta, multiplicada por 8.000 millones de personas, representa el futuro más apasionante que puedo imaginar.

Por un futuro de abundancia,

Peter H. Diamandis

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Muchas gracias, Peter. 

Interesantes reflexiones sobre el mundo que viene (quizá no tan rápido como sugiere Peter). 

Queridos lectores: ¿Comentarios, reacciones, vértigos,...? Os leo en comentarios.

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