viernes, 2 de febrero de 2018

Conejos, Cangrejos y Camalote

Tratando de controlar la plaga en Nueva Gales del Sur
Es muy conocida la historia de la introducción del conejo europeo en Australia y los problemas que ocasionó (y sigue ocasionando). Muy resumido: en 1859 se le ocurrió a Thomas Austin, granjero de Nueva Gales del Sur, soltar en sus tierras 6 parejas de conejos europeos, según parece como piezas de caza. Lo que no calibró es que el conejo, en ausencia de enemigos naturales y dando rienda suelta a su gran capacidad de reproducción, se convirtió en pocos años en una plaga imposible de controlar. Dicen que, en 1887, tan solo 28 años después, se abatieron en ese territorio 20 millones de ejemplares.

Pero la plaga continuó imparable, arrasando prácticamente toda la masa vegetal de Australia. Hasta que, en 1951, se tomó la decisión de soltar mosquitos infectados con el virus de la mixomatosis, enfermedad letal para la mayoría de los conejos. La enfermedad se propagó de manera explosiva causando la muerte de casi toda la población "conejil". Pero no todos murieron; algunos manifestaron tener o desarrollaron resistencia a la enfermedad, transmitieron esa característica a sus descendientes y así continuó la cosa, con sucesivas oleadas de expansión y aniquilación. (Recientemente, en Mayo de 2017, ver este artículo, Australia ha decidido usar un arma todavía más poderosa para acabar con sus conejos silvestres: un virus tan letal como el del ébola y tan contagioso como el de la gripe. Miedo da pensar qué pasa si ese virus se "escapa" de Australia y acaba llegando a Europa).


El caso del conejo en Australia es paradigmático del daño que puede producir una especie, animal o vegetal, trasladada fuera de su hábitat natural a un entorno donde se altera el equilibrio del sistema ecológico, con consecuencias, en la mayoría de los casos, impredecibles. Cuando los efectos son claramente visibles y negativos, hablamos de "especies invasoras" (a escala humana, hay que recordar las muchísimas víctimas producidas por la viruela, el sarampión, el tifus, etc... en el encuentro entre las dos ramas de Homo Sapiens que se volvieron a relacionar en América después de miles de años de haberse separado en las estepas de Eurasia).

Pero no es el único. En España tuvimos en los años 70 el caso del cangrejo de río, que muchos recordaréis. Hasta 1974 (luego veremos por qué) el dueño y señor de todos los ríos españoles (bueno, no sé si en todos había) era el "Austropotamobius pallipes" (al que estudios recientes han quitado la categoría de "autóctono", al demostrar que fue introducido desde Italia a finales del siglo XVI por deseo de Felipe II). 

Era un manjar muy apreciado, bien sólo, con una buena salsa picante, bien como acompañamiento de arroces y guisos. Pero no había una gran industria montada a su alrededor. En cada río, en cada pueblo, era normal ver en verano a los chiquillos  (y a los mayores) provistos de reteles con su cebo ir a pasar una agradable tarde al río y ver qué eran capaces de pescar. En Herrera de Pisuerga, al norte de Palencia, desde 1972 se celebraba el primer domingo de Agosto la "Fiesta de Exaltación del Cangrejo". 

En 1974, algún emprendedor avispado decidió importar y poblar las marismas del Guadalquivir con otra especie de cangrejo, el llamado rojo americano ("Procambarus clarkii"), procedente del sureste de USA, que había demostrado una gran capacidad de adaptación y crecimiento en otros hábitats diferentes al suyo propio. Pero el cangrejo rojo, o sus "cultivadores", no se conformaron con dejarlo crecer al sur de Sevilla; en pocos años fue colonizando todas las cuencas fluviales de la Península Ibérica.

Con una particularidad no contemplada inicialmente. Junto con el cangrejo americano, venía un hongo, el "Aphanomyces astaci", que causaba una enfermedad conocida como "afanomicosis", para la que el cangrejo americano era inmune, pero que resultaba mortal para el cangrejo "autóctono". Resultado: en pocos años el Procambarus se adueñó de todos los ríos españoles, mientras que el Austropotamobius quedó, prácticamente, en vías de extinción. Unos años después se introdujo otra especie de cangrejo, proveniente del Golfo de México, llamada cangrejo señal ("Pacifastacus leniusculus") que también es resistente al hongo de la afanomicosis y le planta cara al cangrejo rojo.

(Como dato curioso, en la zona de Isla Mayor, municipio del sur de Sevilla cerca de Doñana, se encuentran las cinco mayores empresas productoras de cangrejo rojo de Europa. Generan entre tres y cuatro millones de kilos al año, valorados en 20 millones de euros. Recientemente, en Junio de 2016, una sentencia del Tribunal Supremo ratificaba el carácter de especie invasora del cangrejo rojo y prohibía su cría y comercialización, lo que provocó una fuerte inquietud en esta comarca sevillana. Parece que, meses después, la Junta de Andalucía encontró una fórmula para que la actividad continuase).

El camalote colonizando la superficie del Guadiana
Y cambiando de cuenca fluvial, del Guadalquivir al Guadiana, nos encontramos con el caso más reciente y llamativo de especie invasora. Aunque en este caso no es un animal, sino una planta: el camalote ("Eichhornia crassipes"), también conocido como jacinto de agua, flor de bora o aguapey. Es una planta originaria de las aguas dulces de las regiones cálidas de América del Sur. Pero que llegó al Guadiana en 2004 y, desde entonces, está suponiendo un quebradero de cabeza tanto para los responsables de la cuenca hidrográfica como para regantes y agricultores.

El problema que causa el camalote es que crece sin control en la superficie del agua (flota), por lo que impide que pase la luz. A causa de ello, las algas y otro organismos subacuáticos no realizan la fotosíntesis, los peces mueren por falta de oxígeno, las plantas muertas generan altos niveles de putrefacción, obstruyen las canalizaciones de riegos,...

Cada año, en la época de mayor auge, la Junta de Extremadura dedica 90 operarios que, cada día, extraen unas 1.600 Toneladas de camalote. Pero no dan abasto. La planta vuelve a resurgir con más fuerza al año siguiente (hay quien deja caer, malévolamente, que puede haber algún interés en que la planta no se erradique del todo; así hay unos jornales asegurados cada año...).

Conejos, Cangrejos, Camalote... son solo tres ejemplos de "especies invasoras". En España hay otras muchas reconocidas: La cotorra gris o argentina, la cotorra de Kramer, el mapache, el siluro, el mosquito tigre, la avispa asiática, el mejillón cebra,...entre las especies animales y el ailanto, el plumero, la falsa acacia, la mimosa, etc... entre las vegetales. Consecuencias "no deseadas" de la globalización. Pero que, me temo, no tienen vuelta atrás.


Cotorras argentinas en el Parque de El Retiro (Madrid)



3 comentarios:

  1. Las cotorras argentinas, qué ruidosas!! Hace poco me enteré de que la perca y el lucio también son especies invasoras, introducidas en el hábitat fluvial por otra especie invasora, la humana. Son invasoras pero ya llevan tantos años en España que es difícil pensar en ellas como no autóctonas.

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  2. En Cantabria, y me imagino que en mas sitios de España, es una peste el plumero de la Pampa, que ademas de invadir praderas, las hace intransitables por el volumen de los matojos. Son difíciles de erradicar. Creo que las trajeron como plantas ornamentales.

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  3. En Portugal también, Telmo, en la zona de Coimbra, a la que vuelves a Salamanca, se ven en los arcenes de la carretera infinidad de ellos. Lo curioso de los plumeros es que mi madre los ha tenido de planta de jardín, así que se los venderían como planta ornamental, claro, y se le llegaron a chuchurriar (habría que estudiar por qué para erradicarlos :-) ). Los cortaba para adorno, los ponía en jarrones y los cambiaba cada temporada. Menos mal que a ella no le dio por ahí, pero yo los he visto en otras casas hasta teñidos de colores.

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