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Sello de Abderramán III emitido en 1991 |
El "detonante" de mi curiosidad fue el hecho, muy conocido, de cómo muchos de los emires y califas de Córdoba presentaban rasgos "poco árabes", si se me permite la expresión. Por ejemplo, de Abdalá I (844-912), séptimo emir de Córdoba, se decía: "era rubicundo, tenía el cabello rubio con grandes entradas, los ojos garzos y la nariz aguileña y era de talla mediana". Aclaro que garzos quiere decir "de color azulado".
La causa, consensuada y compartida por todos los historiadores, era que sus madres eran "vasconas", o sea procedentes de una zona concreta aunque indeterminada del norte de la Península Ibérica. Que o bien se habían incorporado a los harenes musulmanes como botín de guerra, como regalo de los nobles cristianos a cambio de protección o en intercambio mutuo. Y ahí se quedaban.