viernes, 16 de diciembre de 2022

¿De qué color es el cielo?

Es la primera frase del primer libro de la Biblia: "Al principio creó Dios los cielos y la tierra" (Gen,1). Y el cielo / los cielos tienen una presencia continua a lo largo del relato bíblico. Pero, según los estudiosos que lo han analizado en profundidad, en ninguno de los libros del Antiguo Testamento aparece descrito el color del cielo como "azul"...

Cianómetro de De Saussure
Horace-Bénédict de Saussure (1740-1799) fue un aristócrata, naturalista y geólogo suizo, considerado como el fundador del alpinismo. También fue el inventor de una serie de instrumentos relacionados con la meteorología, entre ellos el cianómetro, para medir la "azulidad" del cielo. 

Consistía en un círculo, dividido en 52 sectores, donde había aplicado distintas proporciones de tinte de azul de Prusia (producido por la oxidación de sales de ferrocianuro férrico; se llamó así por ser el tinte utilizado para teñir las telas de los uniformes militares prusianos), formando un abanico de colores, desde el blanco al negro. Aplicado contra el fondo del cielo, se determinaba, de una forma numérica, el color del cielo en ese momento.

A De Saussure, como a tantos científicos de la época y anteriores, les intrigaba la gran variación de colores que experimentaba el cielo en función de las condiciones meteorológicas y el momento del día, y buscaban una explicación científica. Pero esa explicación tardó en llegar otros 100 años, cuando, en 1871, Lord Rayleigh propuso la teoría de la dispersión de la luz que hoy lleva su nombre (Dispersión de Rayleigh).

William E. Gladstone (Liverpool, 1809-1898) era hijo de una importante familia de origen escocés. Fue primer ministro del Reino Unido durante 12 años, en 4 períodos no consecutivos, empezando en 1868 y terminando en 1894. Antes, había estudiado en el famoso Eton College y, según su biografía, "he read Classics and Mathematics" en el Christ Church de Oxford (siempre me ha llamado la atención que los graduados ingleses no estudian; les basta con leer para sacarse el título :-)). Compaginó su ocupación como diputado en la Cámara de los Comunes (donde empezó con 23 años) con una gran afición por los clásicos.

En 1858 publicó los 3 volúmenes de "Studies on Homer and the Homeric Age", donde realiza un súper-minucioso estudio de las obras de Homero, tanto desde el punto de vista histórico como religioso, geográfico, naturalista y lingüístico (unas 1.700 páginas en total). 

En la sección IV del Tomo III, titulada "Homer´s perception and use of color"  analiza y tabula el número de veces que aparece cada palabra que describe un color y a qué se aplica. Por ejemplo, la palabra "πορφύρεος" ("porphyreos") que en español se traduce por "púrpura" o "violeta", lo aplica Homero a la sangre, a una ola o a una nube oscura. O "οινωψ" ("oinops"), que literalmente es "que parece vino" aparece en algún pasaje aplicado al color del mar.

Su análisis lo resume en 5 aspectos:

  I. El uso de la misma palabra para denotar colores que, según nosotros, son esencialmente diferentes.
 II. La descripción del mismo objeto bajo epítetos de color que difieren fundamentalmente uno del otro.
III. El escaso uso del color, y su ausencia en ciertos casos en los que podríamos esperarlo.
IV. El vasto predominio de las formas más crudas y elementales de color: blanco y negro, sobre todos los demás.
 V. El pequeño tamaño del vocabulario de colores de Homero.

Gladstone encuentra en los textos 170 veces citado el color negro ("μέλας") , unas 100 el color blanco ("λευκός"), 13 el rojo ("ερυθρος"), 10 el amarillo ("ξανθός"), 6 el violeta ("πορφύρεος"). Curiosamente,  "κυανος", el color con el que el griego posterior identificaba al azul, no lo empleaba Homero en ninguna descripción del cielo o del mar, sino para las cejas de Zeus, el pelo de Héctor o una nube oscura. Dice Gladstone: "Homero tenía ante sí el ejemplo más perfecto de azul. Sin embargo, nunca describe así el cielo. Su cielo está estrellado, o es ancho, o grande, o de hierro, o de cobre; pero nunca es azul".

La conclusión de Gladstone, que fue muy discutida en su tiempo, era: "I  conclude,  then,  that  the  organ  of  colour  and  its  impressions  were  but  partially  developed  among  the  Greeks of  the  heroic  age" ("Concluyo, por tanto, que el órgano del color y sus percepciones estaban sólo parcialmente desarrollados entre los griegos de la época heroica"). 

¿Cómo lo vería Homero?

Relacionado con el estudio de Gladstone, y por la misma época, el lingüista judío-alemán Lazarus Geiger (1829-1870) en sus "Contribuciones a la historia del desarrollo de la raza humana", incluyó en el capítulo III una conferencia suya de 1867, titulada: "On colour-sense in primitive times and its development". En ella, después de analizar los himnos del Rigveda hindú, del Zendavesta persa, la Biblia judeo-cristiana y las obras de Homero, llega a la conclusión de que en ninguno aparece de forma explícita el color azul. Y se pregunta por qué. Y plantea lo que será un debate crucial a partir de entonces: la relación entre lo que el ojo ve (fisiología) y lo que el lenguaje puede describir (lingüística). 

O dicho de otro modo: ¿sería que los antiguos, no en una, sino en varias civilizaciones teóricamente desconectadas entre sí, no describían "bien" los colores, o algunos de ellos, en sus textos escritos porque, en realidad, sus ojos no los veían, o los veían de otra forma a como los vemos nosotros miles de años después? (Recordemos que la publicación del "Origen de las especies por medio de la selección natural" de Darwin, en 1859, era todavía una teoría reciente y que la teorías "lamarckianas" de que las características adquiridas eran hereditarias, estuvieron vigentes durante todo el siglo XIX). 

Geiger, incluso, después de analizar y comparar una gran variedad de lenguajes, se atrevió a proponer que hay una "secuencia" común en el orden de aparición de la sensibilidad a los distintos colores entre las distintas civilizaciones que ha estudiado (y, por tanto, en las palabras que en cada idioma describen esos mismos colores): blanco/negro --> rojo --> amarillo --> verde --> azul --> violeta. 

Durante más de 100 años, la balanza se fue inclinando unas veces hacia los "fisiólogos": es la evolución del ojo humano a lo largo de los milenios lo que hace que los colores vayan "apareciendo" en la paleta de su vista (y se analizaban minuciosamente los distintos componentes de la retina humana: los bastones, que proporcionan la visión en blanco y negro, mientras que los conos son los que proporcionan la visión en color), y otras veces hacia los "lingüistas": no es lo que el ojo ve, sino lo que el lenguaje expresa lo que va haciendo que se distingan unos colores de otros (y se analizaban idiomas de tribus remotas, para ver qué colores tenían en su vocabulario).

Para ayudarnos a comprender ésto, se suele poner el caso del idioma ruso. Lo que para nosotros, y para la mayoría de los idiomas "occidentales", son dos matices del mismo color azul: azul claro y azul oscuro, en ruso son dos palabras diferentes: синий  (siniy)  y голубой (goluboy) que, para un ruso, describen colores tan diferentes como para nosotros serían, por ejemplo, el azul y el verde.

Le damos al "fast forward" 150 años, para conocer el estado actual de este curioso debate... en otro post.
__________________________________________________

5 comentarios:

  1. Muy interesante Ángel. Nunca me había planteado que los antiguos no pudieran ver los colores igual que nosotros y que eso fuese producto de la evolución. Pensaba que simplemente no escribían sobre cosas obvias, como tampoco solían describir lo que comían o vestían, salvo que fuese criticable, porque escribían para lectores de su misma época a los que les hubiese resultado tedioso. Lo que sí veo como fenómeno evolutivo es que hoy haya lectores que se extasíen ante una novela que describe minuciosamente las cosas más anodinas, fenómeno que cronológicamente apareció justo cuando los pintores abandonaron el realismo, como si de dos platillos de una misma balanza se tratara.
    Una derivada que podrías tratar en otro post es el impacto de esa evolución en el “éxito” de una mutación surgida parece ser en Europa del Este hace entre 6.000 y 10.000 años, los ojos azules. Si no podían ver el azul ¿por qué tuvo tanto éxito que se convirtió en mayoritaria?
    Como has anunciado una 2ª parte y no quiero hacerte spoiling voy a mencionar un detalle marginal que recuerdo vagamente de mis clases de Física Cuántica y espero que algún lector pueda corregirme si me equivoco. El cielo es azul, al menos para nosotros, porque de todos los gases de la atmósfera hay uno que tiene ese color y los demás ninguno. Es el oxígeno, que se halla en una proporción del 21% aprox. Pero el oxígeno es azul debido a un salto cuántico de los electrones que en principio y según las leyes de la Mecánica Cuántica no debería darse, por lo que es excepcional. Si no fuera excepcional, sería de un azul tan intenso que nos parecería negro. Pensemos en los fuegos artificiales, una pequeñísima cantidad de elementos que emiten luz en frecuencias concretas (Cobre para el azul, Estroncio para el rojo, Bario para el verde, Sodio para el amarillo…) nos hace ver intensos colores en el cielo ¿qué pasaría si su concentración en lugar de partes por millón fuera del 21%?

    ResponderEliminar
  2. Según entiendo, la dispersión de Rayleigh consiste en que las longitudes de onda cortas (azules/verdes) se dispersan más que las largas (rojos/amarillos), o sea, que se esparcen mas por todo el cielo. Miramos al sol de día y de frente nos llega un chorro rojo/amarillo que se ha dispersado poco y alrededor es azul porque hay muchos mas fotones azules que de los otros en la atmósfera (fuera de la linea recta sol-observador) con lo que el azul es el color que predomina en la luminosidad de la atmósfera diurna.

    Cuando el sol se pone la luz tiene que atravesar mucha atmósfera. La que viene de arriba sigue siendo azul, mas oscuro (muchos fotones azules se van hacia Japón), la directa rojo/amarillo mas tenue porque, aunque menos, también se ha dispersado y la próxima al sol del mismo color porque el contenido de esas longitudes de onda supera a los azules que se han diluido en muchas mas las direcciones.

    ResponderEliminar
  3. Da gusto; entre el químico catalán y el físico vasco, complementan mi artículo. Creo que la explicación de Telmo de la dispersión de Rayleigh es la más aceptada; la de la mecánica cuántica me parece más esotérica (DRAE: "Oculto o impenetrable para los no iniciados"). Pero lo que se desvelará en la continuación del post es que más que la evolución fisiológica (=percepción de los colores por el ojo), lo que influye en la "descripción" histórica de los colores es la evolución del lenguaje... permanezcan atentos a sus pantallas

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Ya he dicho que lo recuerdo de hace mucho, porque no me he dedicado a la Física y hay que tener en cuenta lo que dijo un gran pensador: “Hoy las ciencias adelantan que es una barbaridad”. Podéis encontrar su ponencia aquí: https://www.youtube.com/watch?v=cn-embVPHlg&ab_channel=YouMoreTv-Cultura

      Eliminar
  4. GRACIAS, ÁNGEL, LO QUE PARECE INDUDABLE....... TIENE MUCHOS MATICES, DESE LUEGO, NO HAY MAS QUE VER TODO EL ESPECTRO DE AZULES DE UN PINTOR SEA ARTISTA O TRABAJE EL GOTELE DE LA PARED UN SALUDO

    PEDRO DE ORTE SANTANDER

    ResponderEliminar