jueves, 14 de septiembre de 2023

El esquivo y sutil neutrino

Ahora mismo, mientras lees esta primera línea del post, en un segundo, 65 mil millones de neutrinos (65.000.000.000) procedentes del Sol están atravesando la yema de tu dedo pulgar (1 cm2 aprox.) y tú sin enterarte... Bueno, la yema de tu dedo pulgar y todo tu cuerpo. Y el segundo que viene, otros tantos. Y al otro, y al otro, y... Es de esos datos científicos que escuchas y dices... ¿pero cómo se puede calcular eso?

Fotografía: Fundación Ramón Areces

Fue en la Fundación Ramón Areces, el pasado mes de mayo, cuando la profesora Inés Gil Botella, investigadora científica en el CIEMAT, dio una conferencia titulada "La insoportable levedad de los neutrinos", haciendo un guiño a la novela de título similar de Milan Kundera. La charla fue muy interesante y hasta (casi) entendible para un profano, gracias a la excelente capacidad expositiva de la profesora. Puedes ver la conferencia completa aquí

Pero, al salir de la charla, yo seguía dándole vueltas a lo mismo: si los neutrinos son tan "leves", si no interaccionan con casi nada, si cuesta Dios y ayuda detectar unas pocas decenas en instalaciones kilométricas a cientos de metros de profundidad... ¿cómo narices se ha llegado a establecer esa magnitud que aparece siempre que se habla de neutrinos: cada segundo, nos llegan del Sol 65 mil millones de neutrinos por cm2?

viernes, 8 de septiembre de 2023

Una pandemia del siglo XX poco conocida

Hoy, después de toda la información médica y científica que hemos recibido y absorbido a raíz de la pandemia del SARS-CoV-2, hasta el escolar más despistado del último pueblo o barrio de España sabe que, a principios del siglo XX, más concretamente alrededor del año 1918, hubo una gran pandemia de gripe (mal llamada "española"), que causó millones de muertos en todo el mundo.

Pero yo mismo desconocía esta "otra" epidemia de la que vamos a hablar hoy.

Presentación del libro de Miguel Ángel Delgado

Muchas veces me preguntáis cómo se me ocurren los temas que presento en el blog. Yo siempre respondo que es muy aleatorio: en lo que leo en libros, periódicos o revistas; en lo que escucho en la radio, en la televisión, en las conferencias a las que asisto, en conversaciones con amigos,... de pronto se produce un efecto "ahá" similar a lo que describen que tienen los investigadores que llevan tiempo dedicados a buscar la solución a algún problema. Y me digo: "aquí hay un tema que puede ser interesante... habrá que profundizar".

En el caso de la epidemia que hoy nos ocupa, la pista me llegó, el pasado mes de junio, en la presentación del libro "La costumbre ensordece" de Miguel Ángel Delgado en el Espacio Fundación Telefónica. En su interesante conversación con Laura Barrachina, de pronto le escuché  decir que había habido una epidemia en el siglo XX poco conocida, pero que también tuvo efectos desastrosos. Millones de infectados y cientos de miles de muertos. Con secuelas aterradoras. Después, al leer el libro, lo vi reflejado y me dije... tema interesante... hay que investigar. Y este es el resultado.

lunes, 21 de agosto de 2023

Los caballeros teutones

Hay un comentarista deportivo, creo que es en Movistar, que cuando en una jugada interviene Toni Kroos, jugador del Real Madrid, tres de cada cuatro veces acompaña su comentario con el apelativo de "teutón". Que si "magnífico pase del teutón", "el teutón corta el avance de", "no ha sido la mejor tarde del teutón", etc... Y yo, cada vez que lo oigo, me revuelvo en el asiento... Que sí, que está bastante generalizado usar "teutón" como "alemán" en sentido amplio, pero que, para entendernos, es como si, para designar a un jugador español se usara el término de "várdulo": "avanza el várdulo Morata"...

(Quizá mi desasosiego proviene de que, en mi juventud, leí el libro de aventuras titulado "Los caballeros teutones", del polaco Henryk Sienkiewicz (1846-1916), Premio Nobel de Literatura en 1905 (conocido sobre todo por su obra "Quo Vadis"). En esa novela, la coalición polaco-lituana vence a los caballeros teutones en la batalla de Grunwald, en 1410, lo que sirvió para fomentar el sentimiento nacionalista polaco, casi siempre invadidos por sus vecinos. Y a mí me quedó claro que no todos los alemanes eran caballeros teutones). 

Porque el pueblo teutón, en origen, ni siquiera habitaba en el territorio actual de Alemania, sino que estaba en la península de Jutlandia, hoy Dinamarca. Su viaje de migración empezó en el siglo II a.C. y sus incursiones llegaron, parece ser, hasta algunos puntos del norte de la Península Ibérica. Pero volvieron sobre sus pasos y se instalaron cerca de su lugar de origen. 

Pero, por lo que el apelativo "teutónico" tiene un lugar destacado en la Historia no es tanto por las andanzas del pueblo originario de ese nombre, sino por la orden medieval creada en San Juan de Acre, Reino de Jerusalén, alrededor del año 1190, con el nombre latino de "Ordo Domus Sanctae Mariae Theutonicorum Hierosolymitanorum", lo que viene a ser "Orden der Brüder vom Deutschen Haus der Heiligen Maria in Jerusalem" o, para entendernos, "La Orden de los Hermanos de la Casa Alemana de Santa María en Jerusalén". La "Orden Teutónica". O la de los "Caballeros Teutones". Que ya se ve que, en alemán, los hermanos eran "Deutschen", mientras que en latín eran "Theutonicorum", o sea que ya se admitía "teutón" como genérico de "alemán". 

viernes, 30 de junio de 2023

¿A dónde van a parar los globos?

"Girl with Balloon", uno de los graffiti
más conocidos de Bansky
Supongo que a ti también te pasaba de niño/a. Cuando se te escapaba el globo que, con tanto tesón, habías conseguido que tus padres te compraran en las ferias, o que te dieran en la cuestación de Cáritas o del Cáncer a cambio de un donativo. Aparte del berrinche inicial por la pérdida de tan preciado objeto, mientras veías como el globo iba ascendiendo lentamente por el cielo hasta ser casi indistinguible a la vista, te hacías o formulabas en voz alta la pregunta: ¿Y a dónde van los globos? Pues es un viaje curioso...

En primer lugar, hay que recordar, aunque sea obvio, que sólo "suben" los globos que están rellenos de un gas más ligero que el aire. O sea que, si inflas un globo a pulmón, queda muy bonito en la pared o en la mesa, pero no hay que preocuparse de que se escape. 

El gas que más frecuentemente se usa para este menester es el helio (He). Tiene la ventaja de que no es inflamable. ¿Por qué se desinflan los globos con el paso del tiempo? Pues porque el helio es un gas monoatómico, es decir, que todas sus partículas se componen de un átomo sencillo, y está hecho con las partículas gaseosas más diminutas que se pueden concebir: sus átomos poseen un diámetro de 0,1 nanómetro (0,000 000 001 cm), lo que les permite incluso difundirse a través de películas de metal.

viernes, 23 de junio de 2023

A buenas horas, mangas verdes...

José María Iribarren (Tudela, 1906 - Pamplona 1971), abogado, periodista y escritor, publicó, en 1954, el libro titulado "El porqué de los dichos", donde recogía "las diversas y a veces divergentes opiniones sobre la procedencia y el porqué de los dichos populares de España". En el prólogo, él mismo reconocía que "este libro que tienes en las manos no es la obra científica y solemne, sistemática y exhaustiva, de un investigador profesional. Es el ensayo, medio erudito y medio divertido, de un simple aficionado a estas curiosidades del idioma". Tuvo sucesivas ediciones y ampliaciones.

Desde que lo compré, en la re-edición de 1994 auspiciada por el Gobierno de Navarra, siempre lo he tenido como libro de consulta, donde acudir siempre que se suscita, en la lectura o en la conversación entre amigos, la pregunta sobre de dónde procederá tal o cual dicho, modismo o frase hecha, que se usa habitualmente sin pararse a pensar en su origen.

De los cientos de entradas que se incluyen en el libro, he seleccionado aquéllas que me han parecido más curiosas, de origen menos conocido o más "sorprendentes". Seguro que conoces todas o casi todas; que, de más de una, conoces o crees conocer el origen, pero dale una vuelta. 

viernes, 16 de junio de 2023

¿Quedamos en Chindasvinto esquina con Leovigildo?

Según la lista "oficial", hubo en total 33 reyes godos en España, desde Ataúlfo (que reinó entre los años 410 y 415) hasta Don Rodrigo (710-711). Algunos nombres, como Recaredo o Liuva se repiten. 

Si te tomas la molestia de consultar el callejero de Madrid, verás que 25 de ellos tienen una calle asignada (habrá que investigar por qué hay 8 que no la tienen, entre ellos el propio Ataúlfo o el famoso Wamba...). Pero lo curioso es que 17 de ellos (y Favila, que no fue rey visigodo, sino duque y, según algunos historiadores, padre de Don Pelayo) la tienen en una zona muy concreta:


viernes, 9 de junio de 2023

El caballo de los indios chiricaguas

De todas las tribus indias que aparecían en las películas del Oeste que veíamos en la "sesión de tarde" en el cine: sioux, apaches, comanches, kiowas, shoshonis, cheroquis, mohicanos, navajos, arapajoes, cheyennes,... a mí siempre me llamó la atención la de los chiricaguas. Probablemente por nada especial, pero el nombre me resultaba llamativo. O quizá porque sus grandes jefes, Cochise y Gerónimo, protagonizaban algunos de los mejores episodios del "Far West".

Ahora descubro que los chiricahuas (con "h", no con "g") eran una de las tribus de la gran Nación Apache. Que su nombre en lengua nativa significa "montaña de pavos" por la abundancia de dichos animales en las montañas donde habitaban y que su territorio se situaba en la zona sur de los estados norteamericanos actuales de Arizona y Nuevo México y en la zona norte de los estados mexicanos de Sonora y Chihuahua.

Pero si traigo a colación a estos indios es como excusa para conocer la historia de la expansión del caballo español en América del Norte y su asimilación a la cultura y los hábitos de los nativos americanos. Porque, en el imaginario de todos, no hay un grupo de indios sin caballos. Habilísimos jinetes, disparando flechas con sus arcos a diestro y siniestro, y montando "a pelo", sin monturas ni gaitas. Y hay que recordar que, en América del Norte, cuando los europeos llegaron a comienzos del siglo XVI, no había caballos.