jueves, 12 de octubre de 2023

De la Peseta al Euro... y no es lo que estás pensando

Yo sabía que, en Madrid, había una estación de Metro que se llamaba "La Peseta", pero no había estado nunca, ni sabía muy bien por dónde caía. Hasta que, el primer domingo del pasado julio, allí me planté:


Fue durante una sesión de quiromasaje cuando Miguel, mientras "atacaba" con energía mis cervicales, me comentó que vivía en el P.A.U. (Plan de Actuación Urbanística) de Carabanchel, en unas construcciones nuevas cerca de la Avenida de La Peseta. Y, de paso, dejó caer que todas las calles del barrio tenían nombre de monedas antiguas... Vaya, pensé, otro caso como el de los reyes godos de la Colonia Tercio y Terol... (Post: ¿Quedamos en Chindasvinto esquina con Leovigildo?)

En cuanto llegué a casa, busqué en Google la Avenida de la Peseta, y pude comprobar que, en efecto, allí había una zona donde se podían contar 28 calles con nombres de monedas. Al domingo siguiente, iPhone en mano, cogí el Metro en Avenida de América y, tras 16 estaciones y un transbordo, aparecí en La Peseta. Con la ayuda de Google Maps fui recorriendo el barrio y sacando fotos de las placas de las calles. De 26, porque de 2 de ellas (Centén y Sueldo), aunque su nombre figura en los callejeros, no hay placas visibles. 

viernes, 6 de octubre de 2023

El "puñetero" VIH

No todo el mundo puede presumir de tener un libro dedicado por un virus. Yo lo tengo, y aquí está la dedicatoria. 

Como los virus "escriben" en un lenguaje difícil de interpretar por los seres humanos, la que ha hecho de traductora en su libro "Un virus en apuros" ha sido la joven experta en biotecnología y bioingeniería Lucía Almagro (@diariodeunacientifica).

En el libro describe, desde la perspectiva de los propios virus, cómo es el proceso de infección, el papel de los distintos "defensores" de nuestro sistema inmunitario, las fases de desarrollo de las enfermedades asociadas, por qué unos virus son más letales o difíciles de combatir que otros, etc... Todo ello en un lenguaje coloquial y bastante asequible, no exento de rigor científico (algunos párrafos hay que releerlos despacio para entenderlos bien, porque los conceptos tratados son complejos).

Como me suele suceder, la lectura de este libro, sobre todo la información contenida en su capítulo final, ha despertado mi curiosidad sobre uno de los virus más "puñeteros", si se me permite la expresión, que existe, que es el VIH, el virus que provoca en los seres humanos el síndrome de inmunodeficiencia adquirida, el sida.

viernes, 29 de septiembre de 2023

Goma arábiga: del sello postal a la Fanta de Naranja

Seguro que los lectores más jóvenes de este post no han tenido que ensalivar nunca un sello de correos; para eso se inventaron hace ya tiempo los sellos autoadhesivos. Pero los más talluditos sin duda recordarán ese sabor peculiar que te quedaba en la boca tras pegar un lengüetazo al reverso del sello que querías pegar en la carta. Y si tenías que enviar varias y no tenías a mano la esponjilla humedecida...

Pues ese sabor provenía de la goma arábiga. Está documentado que, el primer sello de correos que se "pegó", en Inglaterra en 1840, conocido como el "Penny Black", ya se pegaba en los sobres gracias a la goma arábiga que llevaba en su reverso.

Otro uso muy popular de la goma arábiga entre los escolares de mi generación era como pegamento para papel, cartón y cosas ligeras. ¡Cuántas colecciones de cromos y trabajos manuales se iban completando con la ayuda del bote de Pelikan y su peculiar lengüeta agujereada! (La fábrica en España de la multinacional alemana Pelikan estaba en Mollet del Vallés, Barcelona. Otro de sus productos estrella era la "tinta china", que tantos dolores de cabeza nos causaba al usar el tiralíneas en las clases de dibujo técnico)

Pues hasta ahí llegaba mi conocimiento de los usos de la goma arábiga hasta que, el mes de junio pasado, leí en "EL PAÍS" un artículo de Marc Español titulado "La guerra en Sudán daña la venta de goma arábiga" y me descubrió un mundo desconocido. (Puedes leer el artículo aquí)

 Vamos poco a poco.

viernes, 22 de septiembre de 2023

Manos blancas no ofenden

Como mi amigo Jordi G. me lanzó el guante, y yo ya había anunciado una continuación al post sobre los dichos populares, aquí va la segunda entrega, comenzando con el que él me sugería:

(Reitero que toda la información de base está extraída del libro "El porqué de los dichos", de José Mª Iribarren)

Manos blancas no ofenden - Efectivamente, la frase se hizo famosa cuando el ministro de Gracia y Justicia de Fernando VII, el turolense don Francisco Tadeo Calomarde (1773-1842), respondió así a la infanta doña Carlota, hermana de la reina Cristina de Borbón, tras haberle propinado (ella a él) una sonora bofetada, se supone que como venganza por que el citado ministro hubiera hecho firmar al moribundo rey el decreto restableciendo la Ley Sálica. Con ella se excluía del trono a su sobrina, la princesa Isabel (luego Isabel II), y se daba derecho a la corona al infante don Carlos María Isidro, hermano del rey, que más tarde se erigió en Pretendiente con el nombre de Carlos V, dando origen a la primera guerra carlista. 

Los hechos tuvieron lugar en 1832 en el Palacio de la Granja de San Ildefonso (Segovia), donde convalecía el rey. La infanta Carlota estaba casada con Francisco de Paula de Borbón, hermano menor del rey.

(En una Historia de España de 1885 se recoge esta anécdota, pero se matiza que la frase pronunciada fue: "Manos blancas no infaman, señora").

Según recoge Iribarren, la frase no la inventó Calomarde, sino que era una frase proverbial española usada ya con anterioridad. De hecho, Calderón de la Barca publicó en 1657 una comedia con ese nombre. Incluso se relaciona con un refrán latino: "Non maculant nievae laedunt sed verbera dextrae" y con el dicho siciliano "Manu bianca nun offeni". 


jueves, 14 de septiembre de 2023

El esquivo y sutil neutrino

Ahora mismo, mientras lees esta primera línea del post, en un segundo, 65 mil millones de neutrinos (65.000.000.000) procedentes del Sol están atravesando la yema de tu dedo pulgar (1 cm2 aprox.) y tú sin enterarte... Bueno, la yema de tu dedo pulgar y todo tu cuerpo. Y el segundo que viene, otros tantos. Y al otro, y al otro, y... Es de esos datos científicos que escuchas y dices... ¿pero cómo se puede calcular eso?

Fotografía: Fundación Ramón Areces

Fue en la Fundación Ramón Areces, el pasado mes de mayo, cuando la profesora Inés Gil Botella, investigadora científica en el CIEMAT, dio una conferencia titulada "La insoportable levedad de los neutrinos", haciendo un guiño a la novela de título similar de Milan Kundera. La charla fue muy interesante y hasta (casi) entendible para un profano, gracias a la excelente capacidad expositiva de la profesora. Puedes ver la conferencia completa aquí. 

Pero, al salir de la charla, yo seguía dándole vueltas a lo mismo: si los neutrinos son tan "leves", si no interaccionan con casi nada, si cuesta Dios y ayuda detectar unas pocas decenas en instalaciones kilométricas a cientos de metros de profundidad... ¿cómo narices se ha llegado a establecer esa magnitud que aparece siempre que se habla de neutrinos: cada segundo, nos llegan del Sol 65 mil millones de neutrinos por cm2?

viernes, 8 de septiembre de 2023

Una pandemia del siglo XX poco conocida

Hoy, después de toda la información médica y científica que hemos recibido y absorbido a raíz de la pandemia del SARS-CoV-2, hasta el escolar más despistado del último pueblo o barrio de España sabe que, a principios del siglo XX, más concretamente alrededor del año 1918, hubo una gran pandemia de gripe (mal llamada "española"), que causó millones de muertos en todo el mundo.

Pero yo mismo desconocía esta "otra" epidemia de la que vamos a hablar hoy.

Presentación del libro de Miguel Ángel Delgado

Muchas veces me preguntáis cómo se me ocurren los temas que presento en el blog. Yo siempre respondo que es muy aleatorio: en lo que leo en libros, periódicos o revistas; en lo que escucho en la radio, en la televisión, en las conferencias a las que asisto, en conversaciones con amigos,... de pronto se produce un efecto "ahá" similar a lo que describen que tienen los investigadores que llevan tiempo dedicados a buscar la solución a algún problema. Y me digo: "aquí hay un tema que puede ser interesante... habrá que profundizar".

En el caso de la epidemia que hoy nos ocupa, la pista me llegó, el pasado mes de junio, en la presentación del libro "La costumbre ensordece" de Miguel Ángel Delgado en el Espacio Fundación Telefónica. En su interesante conversación con Laura Barrachina, de pronto le escuché  decir que había habido una epidemia en el siglo XX poco conocida, pero que también tuvo efectos desastrosos. Millones de infectados y cientos de miles de muertos. Con secuelas aterradoras. Después, al leer el libro, lo vi reflejado y me dije... tema interesante... hay que investigar. Y este es el resultado.

lunes, 21 de agosto de 2023

Los caballeros teutones

Hay un comentarista deportivo, creo que es en Movistar, que cuando en una jugada interviene Toni Kroos, jugador del Real Madrid, tres de cada cuatro veces acompaña su comentario con el apelativo de "teutón". Que si "magnífico pase del teutón", "el teutón corta el avance de", "no ha sido la mejor tarde del teutón", etc... Y yo, cada vez que lo oigo, me revuelvo en el asiento... Que sí, que está bastante generalizado usar "teutón" como "alemán" en sentido amplio, pero que, para entendernos, es como si, para designar a un jugador español se usara el término de "várdulo": "avanza el várdulo Morata"...

(Quizá mi desasosiego proviene de que, en mi juventud, leí el libro de aventuras titulado "Los caballeros teutones", del polaco Henryk Sienkiewicz (1846-1916), Premio Nobel de Literatura en 1905 (conocido sobre todo por su obra "Quo Vadis"). En esa novela, la coalición polaco-lituana vence a los caballeros teutones en la batalla de Grunwald, en 1410, lo que sirvió para fomentar el sentimiento nacionalista polaco, casi siempre invadidos por sus vecinos. Y a mí me quedó claro que no todos los alemanes eran caballeros teutones). 

Porque el pueblo teutón, en origen, ni siquiera habitaba en el territorio actual de Alemania, sino que estaba en la península de Jutlandia, hoy Dinamarca. Su viaje de migración empezó en el siglo II a.C. y sus incursiones llegaron, parece ser, hasta algunos puntos del norte de la Península Ibérica. Pero volvieron sobre sus pasos y se instalaron cerca de su lugar de origen. 

Pero, por lo que el apelativo "teutónico" tiene un lugar destacado en la Historia no es tanto por las andanzas del pueblo originario de ese nombre, sino por la orden medieval creada en San Juan de Acre, Reino de Jerusalén, alrededor del año 1190, con el nombre latino de "Ordo Domus Sanctae Mariae Theutonicorum Hierosolymitanorum", lo que viene a ser "Orden der Brüder vom Deutschen Haus der Heiligen Maria in Jerusalem" o, para entendernos, "La Orden de los Hermanos de la Casa Alemana de Santa María en Jerusalén". La "Orden Teutónica". O la de los "Caballeros Teutones". Que ya se ve que, en alemán, los hermanos eran "Deutschen", mientras que en latín eran "Theutonicorum", o sea que ya se admitía "teutón" como genérico de "alemán".