Todos tenemos "curiosidades pendientes". Esas cosas que, en un momento dado, nos han llamado la atención, nos han hecho pensar "qué curioso" o "qué raro, ¿de dónde vendrá esto?"... pero hemos dejado la pregunta o la "investigación" para más adelante. Y ese más adelante quizá se ha demorado años, o décadas... Es lo que me ha pasado a mí con "La Minerva". Que quizá a algunos de los lectores enseguida les suene, les traiga también recuerdos, pero que otros pensarán: "¿de qué está hablando?" Pues vamos al tema.
Mis padres eran cofrades de "La Minerva". Yo, por aquel entonces, años 60-70, no sabía las implicaciones de esa pertenencia. Sólo sabía que, de vez en cuando, iban a misa a la iglesia de San Miguel, en Segovia, (que no era nuestra parroquia) porque allí estaba la sede de "La Minerva". Y una vez al año, la semana antes del Corpus, había un "octavario" de la cofradía.
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Octavario de 2018 |
A mí lo que me llamaba la atención era el nombre. No era el nombre de ninguna santa que yo conociera. Tampoco había chicas o mujeres (por aquel entonces y en Segovia) con ese nombre. Por alguna película "de romanos" o alguna lectura infantil, creo que sabía que Minerva era el nombre de una diosa romana. Por eso me llamaba la atención que una cofradía católica llevara el nombre de una diosa pagana... pero nunca lo pregunté (o si lo hice no tuve respuesta o quizá fuera una respuesta piadosa para salir del paso). Y ahí quedó la cosa.
Y hete aquí que, hace poco, no me preguntéis cómo ni por qué, me vino de nuevo la pregunta a la cabeza. Pero ahora tenemos al omnisciente Google a mano... y no hay más que teclear. Lo primero que descubres, aunque ya era de prever, es que lo de "La Minerva" no era una exclusiva segoviana, ni siquiera española. Y que la cosa venía de lejos, del siglo XVI. Del Concilio de Trento para ser más precisos.
Este Concilio, uno de los más importantes celebrados por la Iglesia, fue convocado en 1545 por el Papa
Pablo III para dar respuesta a la reforma protestante, que avanzaba inexorable por el centro de Europa. Duró, con diversas pausas, 18 años. Fijó la doctrina de la Iglesia sobre bastantes asuntos de importancia:
- Las fuentes de la fe son las sagradas escrituras y la tradición de la Iglesia.
Las Sagradas Escrituras deben ser interpretadas por la Iglesia y no tener interpretación libre como decía Lutero (para los protestantes la única fuente de la revelación es la Sagrada Escritura).
- Para la salvación son necesarias la fe y las buenas obras.
- El pan y el vino son el Cuerpo y la Sangre de Cristo.
- Se podía hacer culto a los santos.
- El pecado original se borra con el bautismo.
- Los obispos debían vivir en diócesis y visitar las parroquias con frecuencia.
- Los religiosos tenían vida común y las monjas se interesan por la clausura.
- Los aspirantes al sacerdocio se formarían en seminarios que se construyeron con este fin.
- Se consideraban importantes los sacramentos.
- Los sacerdotes no podían acumular bienes.
- Se reafirmó el credo Niceno-constantinopolitano.
- Vuelve a aparecer la existencia del purgatorio y la veneración de los santos y reliquias.
- Hubo una reforma de las órdenes monásticas, de pluralidades, exenciones y asuntos legales del clero.
(Fuente: Blog de Lucía Brú)